“La Gata sobre el tejado de zinc caliente” de Álex Rigola

Echaba de menos a Álex y a su teatro por las salas madrileñas. Afortunadamente para toda la comunidad teatral el director catalán compartió en la sala Valle Inclán su trabajo sobre “La Gata” de Tennesse Williams. Una propuesta simple y contundente(no me canso de decirlo, lo que mejor funciona en teatro es ir al grano) una hora y media en la que de manera lógica, concisa y directa se nos plantea una serie de situaciones muy concretas y muy elaboradas. Una escenografía que ayuda a la obra, nacen del suelo de la escena plantas de algodón y del lecho matrimonial un árbol seco, jugando así con todo este campo yermo donde no es posible que crezca nada, la fertilidad, la felicidad, la fecundidad, nada es fértil en la escena, salvo las plantación de algodón y en consecuencia el dinero familiar . Una buena herencia para una pareja destruida, estancada y completamente yerma . No es posible que nada crezca hasta que no se digan las palabras adecuadas, pero decir las palabras adecuadas tiene un precio; “Why is so hard to talk?” Estas palabras iluminan continuamente la escena en luces de neón, un neón triste que bien nos puede transportar a esa América noctámbula envenenada de los años 50 donde los hombres y las mujeres se sentían orgullosos de ser ciudadanos americanos a toda costa, orgullosos de sus modelos familiares y de la sociedad que les rodeaba, siempre comprando una imagen en la que poder habitar cómodamente sin problemas, sin sorpresas, sin verdad.

La historia de la Gata es sobradamente conocida por todos pero el problema sigue siendo el mismo. Hablar, utilizar el lenguaje, comunicarnos y salir vivos en el intento. Ser honesto. Ser valiente. Asumir. Hablar . Cambiar. Flotaba en toda la obra este enorme miedo sobre los personajes, gracias a las fantásticas interpretaciones de los actores.

Joan Carreras trabajando al detalle el personaje de Brick, lleno de matices, y de pequeñas cosas, desde la lesión en la pierna a la relación con “el fantasma” en el piano, un Andreu Benito majestuoso en toda su presencia escénica y con un peso y una fuerza que abruman, Chantal Aimée trabajaba la dureza y el aguante de manera constante. En definitiva, una propuesta humilde y sin ambición, con una duración modesta y una problemática digna y actual.

Enhorabuena a Álex y a todo su equipo.