“Fragmente” o crónica negra de una sociedad…

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Ellos  no pudieron hacer nada. ¿Existe otra manera de hacer las cosas? Quiero decir, no podemos evitarlo en absoluto. Somos humanos con todo lo que ello implica, y el pasado nos forma y  nos conforma.  Estos personajes son hombres, mujeres y niños que  no pudieron escapar a su carácter y   costumbres. Son hombres, mujeres y niños que perdieron la inocencia en un punto del camino y ya nada volvió a ser igual. Son hombres, mujeres y niños que bailan cada noche en la cornisa de su hogar en llamas, con la mirada perdida y el corazón roto.   Solos en una ciudad helada  y con olor a alquitrán.  Completamente solos frente a su dolor.  Un reflejo embrujado de lo que ocurre  en la mayoría de las sociedades occidentales.  Existe un individualismo que nos aísla y nos hace enfermar,  nos hace ciegos ante el dolor ajeno, tal vez porque no entendamos el nuestro , tal vez porque nadie nos hablo de nuestro dolor, tal vez por esa estúpida manía de olvidar y taponar las heridas hasta que esas heridas se convierten  una metástasis perfecta que envenena y elimina cualquier rastro de humanidad que pudiera quedar en lo más profundo de nuestro ser.

Occidente ya está pasado de vueltas. Cada vez hay más enfermedades mentales, más violencia, más hogares rotos.   ¿Qué está pasando? Las generaciones no pueden soportar tanto peso.Viejos dolores del pasado se convierten en fantasmas peligrosos.    La basura crece y crece.

La obra evoca espacios mediante la iluminación, la interpretación y el ambiente sonoro, nos obliga a imaginar. Es bueno y necesario que exista una implicación con el público,  aquí nunca el público es pasivo y puramente contemplativo. Nos invita a abrir una puerta. Nos obliga al  ejercicio constante de la imaginación para poder entender.    La obra nunca afirma, sugiere y evoca, con generosidad y humildad. Se tratan temas como la violencia o los abusos, nunca de un modo explícito,  siempre de un modo humano y que ayuda a la compasión/comprensión del espectador.   Los cuerpos de los actores están vivos, despojados de tensión, entregados a lo que les ocurre a cada momento. Sencillez, concreción y humanidad. Gracias a todo el equipo por devolverme la Fé en un tipo de Teatro que está en vías de extinción.

Una radiografía precisa de cualquier ciudad occidental, Lars Nóren, dramaturgo y novelista  sueco,  nos trae una propuesta que es mucho más que una propuesta, es un acto de amor a la condición humana. Desgarradoramente bello.  El frío de suecia se nos cuela en el corazón y nos recuerda que no estamos tan lejos de ellos.  La compasión es un don que abre nuestros corazones. Y es que al final todos estamos hechos de lo mismo.  Responsabilicemonos de nuestras emociones , de nuestros fantasmas, sino,  es posible que más pronto que tarde, alguien lo  haga por nosotros, y empezarán los problemas…