“El actor industrial”

Hace tiempo vengo pensando donde queda la función del actor en estos días. ¿Qué es ser actor en el siglo XXI? Creo que las respuestas no son buenas. Desde hace unas décadas nos atravesó la fiebre de los books y aún hoy sigue atravesándonos. Somos herederos de un Star System de estrellas rotas y sueños perdidos. Vivimos en una época de pérdida. Pérdida de los valores, decadencia del alma humana. Quizá hayan observado los ciudadanos de la capital y probablemente del resto de España también pero en menor medida, que en los últimos cinco años han crecido las escuelas de interpretación como las setas, y es que hoy en día cualquiera se pone a enseñar interpretación y cualquiera se pone a interpretar. Las razones para ello, en algunos casos las más estúpidas. Y en la mayoría de los casos, desgraciadamente esta necesidad de trabajar la escena responde a un Papá quiero triunfar, Mamá soy el mejor en esto, Yaya tengo mucho temperamento y me voy a meter a actor. Este tipo de necesidades están envenenadas y son perjudiciales tanto como para el que las padece como para el propio medio. El mundo está lleno de este tipo de ejemplos. El mundo de la interpretación está lleno de ejemplos de este tipo, yo mismo conozco a un compañero de una escuela madrileña que me aseguró que a él siempre le había entusiasmado la interpretación pero que el teatro no lo soportaba y le aburría soberanamente. Y casos de este tipo hay por doquier. Esto me preocupa. Me preocupa las razones de los actores para dedicarse al teatro o al cine. Me preocupan las agencias de publicidad, me preocupan los representantes fantasmas, me preocupa la industria del book y sobre todo me preocupa y me irrita de sobremanera la siguiente frase, ¿Con qué repre estás?. Asumámoslo, el actor de hoy es un actor industrial más cerca del circuito del modelaje profesional que del arte. Y esto damas y caballeros, es una pena, y no se debe consentir en nuestra profesión. Porque al final en vez hablar de Brecht o de Aristóteles en los cafés acabaremos por hablar de nuestras propias fotos, esto es; nuestro propio ombligo, nuestros propios representantes, nuestros propios proyectos, nuestros propios egos en vez de compartir de una manera sana nuestras experiencias teatrales o sin ir más lejos, nuestros autores favoritos. Pero a algunos actores de hoy en día no les interesan los autores teatrales, ni mucho menos los teatros, les interesan los books de fotos y los videobooks y toda esa parafernalia. Y si, como he mencionado en otras ocasiones vivimos en una época cada vez más individualista, y eso también se refleja en la profesión. El concepto de compañía de teatro se está debilitando por momentos y más aún la idea del teatro como trabajo colectivo. La verdad es que la industria no es que lo ponga muy fácil, pero cada vez hay menos hueco para la investigación y hay más presencia de eficaz, y lo eficaz en teatro rara vez es interesante. Lamento la pésima calidad de la docencia, en general de todos los ámbitos educativos en España, y en particular , en una profesión como la nuestra. Lamento que ese esté permitiendo de sobremanera el enaltecimiento del propio ego en muchas de estas escuelas en vez de el afán investigador. Lo digo por que es verdad. Muchos de los pobres alumnos de muchas escuelas de interpretación salen creyéndose glorias del teatro y el cine y con el espíritu completamente vacío.

Vivimos deprisa, aprendemos poco. Nos refugiamos en nosotros mismos y perdemos la mirada del Otro. Nos perdemos a nosotros mismos sin saberlo. No investigamos y no crecemos, estamos yermos, y aún así salimos bien en las fotos y damos excelentes resultados. Se nos olvida que el arte y la prisa no se llevan bien. Nuestros corazones se llenan de impaciencia. Es normal soñar con que un día de tu vida quizá trabajes en el circuito “profesional” del teatro o del cine. Los sueños existen y es digno perseguirlos. Pero algunos sueños también envenenan y acaban por destruirte si no prestas atención, si no sabes las razones o si las sabes demasiado deprisa entonces este quizá no valga la pena intentar descubrirse como actor.

El actor

En esta vía de concesiones , el actor debe ofrecer

su ridículo,

su despojamiento,

su dignidad misma,

aparecer

desarmado,

fuera de la protección

de máscaras

falaces.

La realización de lo imposible

es la suprema fascinación del arte

y su más profundo secreto.

Más que un proceso,

es un acto

de la imaginación,

una decisión

violenta, espontánea

casi desesperada,

frente a la posibilidad súbita ,

absurda,

que escapa a nuestros sentidos,

risible.

Para suscitar un campo

de atracción

de lo imposible,

es necesaria una ingenua

falta de experiencia

y una disposición a la rebelión y la negación,

la resistencia , la inversión, la insatisfacción,

a un estado en que uno se mueve

alrededor del vacío absoluto.

¿Es necesario subrayar que ante todo

hay que tener sentido de lo imposible?

Fuera de este fenómeno,

extraño al sentido común,

no hay ningún desarrollo.

Tadeusz Kantor “El teatro de la muerte”