“August Strindberg”

strindbergEs curioso como cuando estás leyendo un libro de Strindberg tienes la sensación de participar en un carrusel trágico-familiar de emociones, sentimientos y situaciones de un humanismo desgarrador y de una sinceridad tan sucia y contudente que es imposible que aquellos que lo lean ( sean amantes del tetro o puramente lectores ávidos y obstinados) vuelvan a mirar al mundo del mismo modo . En el momento en el que te topas con su teatro por primera vez puedes ver que efectivamente el dramaturgo August Strindberg más que un dramaturgo es una especie de profeta adelantado a su tiempo que a través de sus obras dibuja perfectamente las grietas de los corazones burgueses occidentales, y no sólo las grietas de su época, sino también de generaciones venideras. Las tragedias de Strindberg atacan directamente al núcleo familiar. Los “Pater Familias” que habitan en sus obras son seres descarnados que han pasado el punto de no retorno o que no soportan más tiempo el yugo familiar. Nos hablan de la tragedia que supone la familia en sí, por ejemplo en su obra “El Pelícano” se puede contemplar perfectamente casi a tiempo real como se va cuarteando una familia usando a los hijos como arma arrojadiza contra el padre y consiguiendo que reine el caos , la desconfianza, y la locura en el hogar familiar. También apela a las tragedias pasadas haciendo referencia a los recuerdos y a los fantasmas siempre acechando detrás de la cordura de cada personaje (tema muy recurrente en toda la obra del dramaturgo sueco). El punto fuerte de Strindberg es acentuar la imposibilidad de acercamiento y la brutal incomunicación que existe en todas sus tramas. El individuo siempre entra en conflicto al comprobar que no puede comunicarse, los personajes están aislados en si mismos y cada obra explota y fuerza las obsesiones y deseos de nuestros personajes.

Haciendo un breve repaso por las obras del dramaturgo sueco es inevitable empezar hablando de las dos obras clave para entender su teatro y su mirada al mundo; “La señorita Julia” y “La danza de la muerte”.

Ambas obras tienen en común el dibujo de la mujer, una mujer destructura/castradora a fuerza de necesidad, dejando al hombre en un segundo plano apocado y sin fuerza. Es curioso como Strindberg vaticina en estas dos obras todo lo que está ocurriendo ahora, la época en las que nos vemos sucumbiendo de manera inevitable; el Posmodernismo. La caída de los grandes relatos, la caída del héroe. No hay un viaje del héroe en ninguna de sus tramas, viola completamente el canon clásico y va más allá, creando situaciones metáforicas y en ocasiones mezclando la realidad con la irrealidad(la sonata de los espectros) y la violencia con la dominación.

La señorita julia es una obra con un heroína totalmente posmoderna, una figura que hoy en día se ha explotado más de la cuenta, tanto que cuando alguien escucha hablar de heroína supuestamente y hasta que se demuestre lo contrario posmoderna lo más probable es que se imagine a Tom Raider y a su ausencia de falo arroapada por sus uzis. Pero más allá de Tom Raider está la señorita Julia haciendo alarde durante casi todas las páginas del libreto de su psicolgía puesta por completo al servicio del control y la dominación.

En la danza de la muerte vemos el mismo juego violento y cíclico de poder, de control, de dominación sexual mientras a su vez la imagen de la masculinidad se va cuarteando con el personaje del capitán. Ya desde el primer momento se nos está planteando esta problemática, la escena comienza en la habitación del propio capitán, como podréis imaginar se trata de una habitación más que burguesa, ya que se encuentran en una especie de palacete militar. En las dependencias del capitán hay un piano y unas manos de una mujer intentar tocarlo, una mujer agotada y que en un primer momento se nos plantea enmarcada dentro de un rol compasivo y triste, mientras que al capitán lo intuímos como un ser hostil, un hombre/monstruo machista y maltratador. Pero sólo en un primer momento ya dos páginas más tarde vemos como la “pobre mujer” sentada al piano suelta su veneno dentro de él a través de su psicología maquiavélica, remarcada sin duda también por su trato a las criadas de las casa.

Durante toda la obra se nos plantea la moralidad de estos dos personajes. La mujer obligada por el comportamiento abyecto de su marido a comportarse amoralmente y el hombre obligado por las acciones de su propia mujer a tomar sus decisiones correspondientes. La batalla de sexos está presente en toda la obra. Sólo le queda al espectador elegir;¿Realmente la mujer es una pobre alma atormentada por un hombre que aparenta ser un monstruo, o al revés, la deformidad de la moral del capitán es consecuencia de las manipulaciones psicóticas y de la presión que ejerce la mujer contra él?