Crónicas de un despertar…

individualismo

Estamos en guerra. Vivimos inmersos en una guerra silenciosa.   Nos adormecen con cualquier cosa. La televisión  es un foco de basura mediatizada y narcotizante  que nos hipnotiza  como a idiotas. La devoradora sociedad del espectáculo. Desgraciadamente todo es espectáculo, pero del malo.  Anestesia para el dolor. Muy occidental esto de poner parches y adormecernos para evitar confrontarnos con algo. Insisto. Esta indolencia rutinaria me pone nervioso, no entiendo como podemos estar tranquilos mientras afuera todo se derrumba. No llegaremos a las  armas, por supuesto que no.  Estamos demasiado dormidos para eso.  Esta manera individualista  nuestra tan contemporánea de  pensar que no estamos en riesgo, que todo va bien,  que mientras no me toque a mi la crisis no existe, es la que nos condena y nos anula como individuos. Olvidamos la responsabilidad con nuestro tiempo, con nuestros corazón, con nuestras cabezas y con nuestra alma.  Por supuesto que todos tenemos que pagar la hipoteca y llegar a fin de mes, por supuesto que tenemos que seguir adelante con nuestras vidas con determinación y constancia y con  cierta eficacia para conseguir cierta felicidad. Pero ¿qué estoy diciendo?Cierta felicidad, ¿me pregunto en que consiste la felicidad del hombre occidental?  Trabajar eficientemente 12 horas al día.  No digo que no haya que trabajar, por supuesto que hay que hacerlo. Pero y luego que, después que ocurre. ¿Qué ocurre cuando sales del trabajo y llegas a casa? Estás demasiado cansado o cansada como para preguntarte a ti mismo como estás, como para ver que tu mujer hoy tiene un peinado especial y está más guapa que ayer, o demasiado cansado como para ver que tu hijo   ha aprendido algo nuevo en el colegio hoy.  Vivimos en una falsa ilusión de comodidad demasiado peligrosa  e idiotizante. Cada pueblo se merece lo que tolera y nuestra indolencia nos hace tolerar  y tragar sin darnos cuenta.  Pero no está todo perdido, tenemos armas, tenemos libros, tenemos teatro, tenemos cine, tenemos gente despierta  que lucha para que tomemos nuestra vida en serio.  Para que tomemos la vida del otro en serio.   En definitiva, tenemos a gente despierta que lucha para que permanezcamos  juntos en esta interminable tormenta. Yo conozco a algunas de esas personas. Me inspiran, me acompañan en mi lucha, me recuerdan que tengo miedos por los que debo seguir escribiendo,  imaginando y creando. Ojalá con estas palabras pueda infundirte algo de determinación, de coraje , de arrojo , de responsabilidad  sobre tu propia vida, de amor sobre la vida del otro  y tal vez, sólo tal vez mañana podremos construir algo parecido a un futuro mejor. Que los Dioses nos ayuden.

A propósito de Los iluminados o notas al filo mismo de Dios…

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No es que Dios se haya olvidado de nosotros, es que nosotros  nos hemos olvidado de él. Lo hemos suplantado por un iphone.  En los albores de nuestra  humanidad  la espiritualidad era el centro del hombre. El hombre necesitó ritos para explicarse el mundo, la religión surgió como  tal,  más tarde, los ritos se convirtieron en sangre, lo que nació como un camino  de  autoconocimiento y  desarrollo espiritual,    se convirtió en dogma y ahí empezaron los problemas. El problema no es Dios, Yahvhe, Buda o  Sidharta , el problema es lo que los hombres han hecho con  su relación con lo  sagrado.  En nombre de tantos dioses del pasado se han cometido verdaderos genocidios,  que aún habiendo sido  acometidos en nombre de la religión,  paradójicamente lo que han conseguido  es  alejar aún más al hombre de su parte espiritual, sagrada y genuina. Si al principio  el centro del hombre era su espiritualidad, desarrollada a su vez a través del concepto tribal de grupo,  a lo largo de los siglos se ha ido sumando un nuevo centro hasta llegar al famoso Dios ha muerto, el dinero como  principio mismo del capitalismo. De la paulatina y sagaz sustitución de los ritos por los trueques,  hemos necesitados siglos para realizar este cambio que desde hace tiempo permanece en prácticamente la mayor parte de las sociedades occidentales.  Hemos cambiado las premisas.    Dios es la totalidad. Ahora, el dinero es la totalidad por lo que el dinero es Dios.  El signo de nuestro tiempo está en nuestras carteras, en una tarjeta de crédito. No hay rastro de Fé. Y no me refiero especialmente  al Dios cristiano, que también,  me refiero a la relación que desde el origen de la humanidad  se ha cultivado con lo espiritual del hombre, con lo sagrado.   ¿Qué pasa con lo sagrado en estos días?  ¿Qué tenemos en vez de eso?

Una generación de almas rotas y corazones envenenados  y oprimidos por un sistema que se resquebraja,   es aquí donde  el texto de los Iluminados empieza a construir su relato.  La obra nos presenta la vida de  4 personajes que intentan mantener su idealismo a flote, en mitad de una tormenta que  parece no terminar nunca.  Pero ¿cómo podemos reencontrarnos con lo sagrado  si en nosotros mismos está plantada la semilla de la indolencia y la incredulidad?  A mitad de camino entre la Fé y el autoengaño los personajes se encuentran con sus propios demonios a medida que avanza la obra.  Y es que  ya se sabe, cuando Dios te  roza la cara, el diablo te agarra del pie…

La indolencia como refugio…

Hay una falsa espiritualidad impostada y repleta de psicologismos baratos  que se empezó a gestar con la generación beat, allá en los años 50 norteamericanos. Ellos ya empezaron a hablar de algo que ahora está más exacerbado que nunca. Ellos ya nos hablaban desde la desesperación profunda de sentirse herederos de un sistema envenenado .  Eran conscientes  de esta falta de conexión con lo sagrado, y quizá por ello empezaron a tratar de desarollar nuevos puntos de vista amparándose desesperadamente en filosofías orientales mientras se metías 3 rayas de coca y  se ponían de opio.  Estaban demasiado tomados ya por la bruma narcótica del capitalismo, el veneno estaba ya en su sangre y se mimetizó en ellos con tanta fuerza que lo único que les quedaba era encender la mecha  y reventar, parafraseando a uno de los personajes de la obra.

Ante la imposibilidad de encontrar rastro de lo sagrado en  su interior , surge esa desconexión que desintegra al individuo y que le hace ciego a su alma, a su dolor y a sus carencias. Comienza entonces el camino de la indolencia y el alivio sistemático mediante las drogas o el sexo.  ¿Qué hacer con el vacío que habita en nosotros?¿Cómo llenarlo? ¿Cómo gestionar y entender lo carencial en cada uno de nosotros? Es increíble como occidente se ha esmerado tanto  para darnos placebos  y así  llenar esos agujeros en lo más profundo de nuestra alma.  Engordaremos como vacas, y un buen día  reventaremos de tanto engordar…y simplemente se acabó. Gracias a todo el equipo de Los Iluminados por hacerme partícipe de este hermoso viaje dentro del alma humana.

He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión celestial al dínamo estrellado de la maquinaria de la noche, quienes pobres y andrajosos y con ojos cavernosos y altos se levantaron fumando en la oscuridad sobrenatural de los departamentos con agua fría flotando a través de las alturas de las ciudades contemplando el jazz.
Quienes expusieron sus cerebros al Cielo, bajo El y vieron ángeles Mahometanos tambaleándose en los techos de apartamentos iluminados.
Quienes pasaron por las universidades con ojos radiantes y frescos alucinando con Arkansas y la tragedia luminosa de Blake entre los estudiantes de la guerra.
Quienes fueron expulsados de las academias por locos por publicar odas obscenas en las ventanas del cráneo.
Quienes se encogieron sin afeitar y en ropa interior, quemando su dinero en papeleras y escuchando el Terror a través de las paredes.
Quienes se jodieron sus pelos púbicos al volver de Laredo con un cinturón de marihuana para New York.
Quienes comieron fuego en hoteles coloreados o bebieron trementina en Paradise Alley, muerte, o purgaron sus torsos noche tras noche con sueños, con drogas, con pesadillas despiertas, alcohol y verga y bolas infinitas, ceguera incomparable; calles de nubes vibrantes y relámpagos en la mente saltando hacia los polos de Canadá y Paterson, iluminando todas las palabras inmóviles del Tiempo, sólidos peyotes de los vestíbulos, amaneceres en el cementerio del árbol verde, ebriedad del vino en los tejados, puestos municipales el neón estridente luces del tráfico parpadeantes, vibraciones del sol, la luna y los árboles en los bulliciosos crepúsculos de invierno de Brooklyn, estrepitosos tarros de basura y una regia clase de iluminación de la mente.
Quienes se encadenaron a sí mismos a los subterráneos para el viaje infinito desde Battery al santo Bronx en benzedrina hasta que el ruido de las ruedas y niños empujándolos hacia salidas exploradas estremecidas y desiertos golpeados de cerebros absolutamente secos de esplendor en la melancólica luz del Zoo.
Quienes se hundieron toda la noche en la luz submarina de Bickford’s emergidos y sentados junto a la añeja cerveza después del mediodía en el desola’do Fugazzi’s, escuchando el crujido del destino en la caja de música de hidrógeno.
Quienes hablaron setenta horas seguidas desde el parque a la barra a Bellevue al museo al Puente de Brooklyn, batallón perdido de conversadores platónicos bajando de espaldas las escaleras de escape de los alfeizares del Empire State lejos de la luna, gritando incoherencias, vomitando susurrando hechos y recuerdos y anécdotas y patadas en la bola del ojo y traumas de hospitales y cárceles y guerras, intelectos enteros disgregados en amnesia por siete días y noches con ojos brillantes, carne para la Sinagoga arrojada al pavimento.
Quienes se desvanecieron en ninguna parte de Zen New Jersey dejando un reguero de ambiguas postales ilustradas de Atlantic City Hall, sufriendo sudores orientales y artritis Tangerianas y jaquecas de China bajo la basura en las salas sin muebles de Newark.
Quienes dieron vueltas y vueltas en la medianoche por el patio de trenes preguntándose adónde ir, y fueron, sin dejar corazones rotos.
Quienes prendieron cigarrillos en vagones traqueteando por la nieve hacia granjas solitarias en la noche del abuelo.
Quienes estudiaron a Plotino, Poe, San Juan de La Cruz, telepatía y cábala debido a que el cosmos instintivamente vibraba en sus pies en Kansas.
Quienes solos por las calles de Idaho buscaban ángeles indios visionarios que fueran ángeles indios visionarios.
Quienes pensaban que sólo estaban locos cuando Baltimore destellaba en éxtasis sobrenatural.
Quienes saltaron a limusinas con el Chinaman de Oklahoma impulsados por la lluvia de los pequeños pueblos a la luz callejera de la medianoche del invierno.
Quienes haraganeaban hambrientos y solos por Houston buscando jazz o sexo o sopa, y siguieron al brillante español para conversar sobre América y la eternidad, una tarea sin esperanza, y tomaron un barco para Africa.
Quienes desaparecieron en los volcanes de México dejando tras suyo nada excepto la sombra del estiércol y la lava y la ceniza de la poesía quemada en Chicago.
Quienes reaparecieron en la Costa Oeste investigando el F.B.I. en barbas y pantalones cortos con grandes ojos pacifistas atractivos en su oscura piel entregando incomprensibles folletos.
Quienes se quemaron sus brazos con cigarros encendidos protestando contra la bruma narcótica del tabaco del Capitalismo.
Quienes distribuyeron panfletos supercomunistas en Union Square sollozando y desvistiéndose mientras las sirenas de Los Alamos los deprimían, y se deprimía Wall, y el ferry de Staten Islan también se deprimía.
Quienes rompieron a llorar en blancos gimnasios desnudos y temblorosos frente a la maquinaria de otros esqueletos.
Quienes mordieron detectives en el cuello y chillaron con placer en autos policiales por no cometer un crimen salvo su propia pederastia salvaje y su intoxicación.
Quienes aullaron de rodillas en el metro y fueron arrastrados por el techo ondeando sus genitales y manuscritos.
Quienes permitieron ser penetrados por el ano por virtuosos motociclistas, y gritaron con alegría.
Quienes chuparon y fueron chupados por aquellos serafines humanos, los marineros, caricias del amor Atlántico y Caribeño.
Quienes eyacularon en la mañana en la tarde en jardines de rosas y en el pasto de parques públicos y cementerios esparciendo su semen libremente a quienquiera que llegara.
Quienes hiparon sin cesar tratando de reír pero se torcían de llanto detrás de un cubículo de un Baño Turco cuando el ángel rubio y desnudo venía a atravesarlos con una espada.
Quienes perdieron a sus amantes por las tres viejas musarañas del destino, la musaraña tuerta del dólar heterosexual, la musaraña tuerta que hace guiños fuera del útero y la musaraña tuerta que no hace nada sino sentarse en su trasero y corta las hebras doradas intelectuales del vislumbre del artesano.
Quienes copularon extáticos e insaciables con una botella de cerveza, un novio, un paquete de cigarrillos, una vela y se cayeron de la cama, y continuaron en el suelo y por los pasillos y terminaron desmayándose en la pared con una visión del último coño y llegaron a eludir el último atisbo de conciencia.
Quienes endulzaron las conchitas de un millón de chicas temblorosas en el ocaso, y tenían los ojos rojos en la mañana pero preparados para endulzar las conchitas del sol naciente, destellantes traseros bajo los establos y desnudos en el lago.

Ahullido Allen Ginsberg

El fantasma de Nora…

ImagenPobre Nora, no sabe quién es, renuncia a su marido y a sus hijos  porque no puede hacer otra cosa, pero no es algo agradable, ni mucho menos liberador. Odio algunos estudios feministas, me ponen enfermo. Odio que pongan  a Casa de muñecas como un baluarte del feminismo. Odio que aplaudan el portazo de Nora. No es agradable, a Nora  no le gusta eso. Siempre ha existido esta enorme confusión con el personaje de Ibsen. Nora no es un modelo a seguir, no es una heroína, más bien lo contrario. Lo que Nora hace con el marido en la última escena está lejos del reproche. Es otra cosa, ibsen empezaba a atisbar algo en referencia a la mujer que no era precisamente liberador…

Lo que pasa es que nos gusta mucho reprochar, por lo que no es extraña ver actrices haciendo de heroínas….. Y Nora no es ninguna heroína. No hay nada que celebrar al final. Si tu no te articulas como mujer yo no me articulo como hombre y al revés.  Este final malentendido es otra consecuencia más de algunos de los estudios feministas más   extremos y fanáticos.

La moraleja no es; “que guay es Nora, abandonemos a nuestros maridos y demos un buen portazo, esos cerdos…machistas” Lo siento por las libertinas de turno pero no.  Ibsen no pierde tiempo en eso. Queridas esclavas y esclavos de la libertad,  me asusta la palabra libertad, porque en nombre de la libertad se han hecho muchas cosas y se esconden otras tantas.  En estos tiempos y en mi generación, esto es,  la generación de los 20 a los 30  hay un tipo de mujer que se está poniendo cada vez más de moda. Las nuevas Noras/libertinas han cambiado por completo el significado de la palabra libertad. A menudo lo que hay detrás de la palabra libertad es un miedo terrible al compromiso, es un miedo terrible al Otro, es un miedo terrible al amor.  Lo que no saben estas Noras contemporáneas es que nadie las está encerrando, quizá sean ellas mismas las que no puedan amar, las que siempre sueñan con un príncipe azul que nunca vendrá y alimentarán su  incapacidad de amor con   anhelos de una libertad falsa, culpable y encubridora.  Esclavas de su libertad. Me pregunto, ¿Qué significa la palabra libertad en estos días?. En nombre de la libertad hago lo que se me antoje, voy a tener una justificación perfecta. En nombre de la libertad exijo que los hombres sean perfectos para mi, y si no lo son , me leo el final de casa de muñecas, cojo fuerzas, y me lo quito de encima como si fuera una chaqueta vieja.

Mientras, me cuento que soy una mujer libre, una heroína y no se que cuantas tonterías más para evitar asumir una sola cosa; Como mujer, soy incapaz de comprometerme con un hombre, soy incapaz de amar,  la culpa es de ellos que son unos cerdos machistas, yo quiero ser libre, libre de cualquier tipo de compromiso, porque me siento atada .  Basta ya  de seguir  abriendo la brecha de nuestras diferencias.  Si somos iguales  no queréis igualdad y si somos diferentes la exigís.Cuidado con la libertad,  es una puta con la falda larga…

“Es tiempo de lluvia…”

No hay cambio posible, ni social, ni político, ni  por supuesto económico  sin un cambio cultural, un cambio en las conciencias, en las maneras de pensar.  Podemos poner todos los parches que queramos, pero las brechas seguirán abiertas. Estúpida forma de pensar  en sanar un país curando el síntoma pero no la raíz. La medicina actual es experta en aliviar síntomas, estúpida forma moderna de poner parches  sobre  heridas demasiado hondas y abiertas. Si te sientes  tremendamente infeliz, no  te preocupes, hínchate a prozacs y te aliviarás, no pienses en el dolor, evítalo,  o si no te gustan las pastillas de la felicidad tal vez puedas pegarte una buena borrachera, si no es suficiente para aliviar tu malestar quizá puedas recurrir alas drogas,  tal  vez puedas pegar un buen polvo con  alguna libertina/o de turno esclava/o de la libertad mientras te metes una raya de coca y te ríes de esa manera estúpida/trágica/infantil/desesperada/triste mientras te cuentas a ti mismo/a que ha sido el mejor polvo  de tu vida  y total, ¿qué mas da? Que me alivien por favor. Quién sabe. Parches. Alivio. Cobardía. Crisis.  Pero ¿qué demonios vamos a pensar o a reflexionar  con esta cultura y en este país?  La mayoría de los teatros de nuestro país ponen el ojo en producir obras como botones.  La oferta cultural española da ganas de llorar.  De vez en cuando, viene un Pandur, o viene un Brook y entonces si sientes  el riesgo y la valentía de algunos locos que en mitad de  la lluvia se ocupan de lo que hay que ocuparse, sin tapujos, sin parches, con valentía, con fiereza, con fuerza y sobre todo, con honestidad. Y no es  Follies, o las gracietas  de Nancho Novo vestido de cavernícola,  o  el teatro Hagen Dasz quien nos salva de todo este desastre. Ni siquiera el microteatro “por dinero” con su pose impostada modernita de teatro indie, vendiendo cerveza y pariendo “piezas teatrales”  como si fueran rosquillas, a la vez que sirven de escaparate  para los actores/actrices de moda en las series españolas.  ¿Y después qué?  Estamos convirtiendo el Teatro en anestesia pura y dura, pero encima una anestesia de garrafón, de las malas. ¿Qué diablos vamos a cambiar así? Nada.

Tal vez sea ahora el momento de poner las cosas claras. Tal vez sea ahora, en mitad de la lluvia  el momento de luchar y hacer frente a lo que viene, a lo que ya está.  A golpe de  Teatro  honesto, valiente, arriesgado y  firme ante lo que está por venir.  Los lobos ya están aquí, y nuestros corazones, dispuestos.

“Tal vez una intuición…”


Tiempos de crisis. Tiempos de cambio, viejos tiempos locos. Vengo pensando hace unos días donde queda todo esto del teatro. Toda esta gran e inmensa locura, ¿Qué tiene que decir en estos días?  Y él permanece mudo. ¿Qué tenemos que decir nosotros? Como dijo Rigola, el teatro se muere. La  famosa crisis aumenta y la lucha se antoja prácticamente insostenible.  Vivimos en la precariedad artística y tenemos la médula espinal rociada con historias incendiarias esperando a ser  contadas. Tenemos los ojos cansados, los oídos agrietados y las manos encalladas.

Sólo nos queda el escenario, tan sólo eso. Y no es poco para estos tiempos de locos en los que nadie da nada por nadie. Vendrán todos al teatro. Quedaremos con todos  nuestros fantasmas allí, y con los fantasmas de ustedes también. No lo duden. Vendrán todos, viejos amigos que nos traicionaron o que no supieron hacerlo mejor, nuevas amantes arrastrando la piel de las anteriores, amigos perdidos, mujeres perdidas, tardes calcinadas en el centro de Madrid en cualquier Café literario de moda,  y así siempre, siempre, siempre.

Quedan todos convocados.

Al final rebuznaremos por las calles a ritmo de Justin Bieber o cualquier otra mierda que nos pongan.  Ruido por la boca. Sin embargo dicen que ahora es cuando  nacen las grandes historias, porque las grandes historias nacen del fuego y ya estamos ardiendo, estamos todos haciendo crac…

Pero no se preocupen, el ser humano siempre se repone de este tipo de inconvenientes históricos y  la cultura con él. Nacerá un nuevo occidente  más devorador que nunca, nos dolerán los ojos al ver todo lo que hemos construido.

Y en ese momento nos reiremos todos, bailaremos hasta que nos  agotemos. Caminaremos completamente ciegos  y las noches arderán con un fuego tan puro que todo  se nos antojará terriblemente bello. Y el lenguaje será por fin una cáscara vacía  y las historias enmudecerán, cambiaremos los teatros por los McDonalds, el placer de compartir historias por el placer de compartir fluidos en los swinger más sucios de toda la ciudad. Cambiaremos la noción  de placer. Engordaremos como vacas, hasta que reventemos todos. Y entonces se pondrá todo perdido.

Y Brecht no nos bastó,  Artaud no nos convenció y  Stannislavsky no nos funcionó.

Es hora de empezar…Franceses, todavía un esfuerzo más…

Ya lo decía el viejo Charles;

Si vas a intentarlo, hazlo hasta el final.
De lo contrario ni siquiera empieces.
Si vas vas a intentarlo, hazlo hasta el final.
Esto puede significar perder chicas, esposas,
parientes,trabajos e incluso tu sentido común.
Hazlo hasta el final.
Puede significar no comer nada en tres o cuatro dias,
puede significar helarte en el banco de un parque,
puede significar la cárcel, puede significar desprecio,
burla, aislamiento.
El aislamiento es el regalo.
Todo lo demás es un reto a tu resistencia,
a las ganas que tengas realmente de hacerlo.
Y lo harás a pesar del rechazo y de las peores posibilidades
y será mucho mejor de lo que puedas imaginar.
Si vas a intentarlo, hazlo hasta el final.
No hay sensación comparable. Estarás a solas con los dioses
y las noches se encenderán con fuego.
Hazlo, hazlo, hazlo, hazlo,
hasta el final, hasta el final.
Y cabalgarás la vida hacia la carcajada perfecta.
Es la única pelea que vale la pena. Ahí la tienes.
“Tira los dados” Charles Bukowski

“El actor industrial”

Hace tiempo vengo pensando donde queda la función del actor en estos días. ¿Qué es ser actor en el siglo XXI? Creo que las respuestas no son buenas. Desde hace unas décadas nos atravesó la fiebre de los books y aún hoy sigue atravesándonos. Somos herederos de un Star System de estrellas rotas y sueños perdidos. Vivimos en una época de pérdida. Pérdida de los valores, decadencia del alma humana. Quizá hayan observado los ciudadanos de la capital y probablemente del resto de España también pero en menor medida, que en los últimos cinco años han crecido las escuelas de interpretación como las setas, y es que hoy en día cualquiera se pone a enseñar interpretación y cualquiera se pone a interpretar. Las razones para ello, en algunos casos las más estúpidas. Y en la mayoría de los casos, desgraciadamente esta necesidad de trabajar la escena responde a un Papá quiero triunfar, Mamá soy el mejor en esto, Yaya tengo mucho temperamento y me voy a meter a actor. Este tipo de necesidades están envenenadas y son perjudiciales tanto como para el que las padece como para el propio medio. El mundo está lleno de este tipo de ejemplos. El mundo de la interpretación está lleno de ejemplos de este tipo, yo mismo conozco a un compañero de una escuela madrileña que me aseguró que a él siempre le había entusiasmado la interpretación pero que el teatro no lo soportaba y le aburría soberanamente. Y casos de este tipo hay por doquier. Esto me preocupa. Me preocupa las razones de los actores para dedicarse al teatro o al cine. Me preocupan las agencias de publicidad, me preocupan los representantes fantasmas, me preocupa la industria del book y sobre todo me preocupa y me irrita de sobremanera la siguiente frase, ¿Con qué repre estás?. Asumámoslo, el actor de hoy es un actor industrial más cerca del circuito del modelaje profesional que del arte. Y esto damas y caballeros, es una pena, y no se debe consentir en nuestra profesión. Porque al final en vez hablar de Brecht o de Aristóteles en los cafés acabaremos por hablar de nuestras propias fotos, esto es; nuestro propio ombligo, nuestros propios representantes, nuestros propios proyectos, nuestros propios egos en vez de compartir de una manera sana nuestras experiencias teatrales o sin ir más lejos, nuestros autores favoritos. Pero a algunos actores de hoy en día no les interesan los autores teatrales, ni mucho menos los teatros, les interesan los books de fotos y los videobooks y toda esa parafernalia. Y si, como he mencionado en otras ocasiones vivimos en una época cada vez más individualista, y eso también se refleja en la profesión. El concepto de compañía de teatro se está debilitando por momentos y más aún la idea del teatro como trabajo colectivo. La verdad es que la industria no es que lo ponga muy fácil, pero cada vez hay menos hueco para la investigación y hay más presencia de eficaz, y lo eficaz en teatro rara vez es interesante. Lamento la pésima calidad de la docencia, en general de todos los ámbitos educativos en España, y en particular , en una profesión como la nuestra. Lamento que ese esté permitiendo de sobremanera el enaltecimiento del propio ego en muchas de estas escuelas en vez de el afán investigador. Lo digo por que es verdad. Muchos de los pobres alumnos de muchas escuelas de interpretación salen creyéndose glorias del teatro y el cine y con el espíritu completamente vacío.

Vivimos deprisa, aprendemos poco. Nos refugiamos en nosotros mismos y perdemos la mirada del Otro. Nos perdemos a nosotros mismos sin saberlo. No investigamos y no crecemos, estamos yermos, y aún así salimos bien en las fotos y damos excelentes resultados. Se nos olvida que el arte y la prisa no se llevan bien. Nuestros corazones se llenan de impaciencia. Es normal soñar con que un día de tu vida quizá trabajes en el circuito “profesional” del teatro o del cine. Los sueños existen y es digno perseguirlos. Pero algunos sueños también envenenan y acaban por destruirte si no prestas atención, si no sabes las razones o si las sabes demasiado deprisa entonces este quizá no valga la pena intentar descubrirse como actor.

El actor

En esta vía de concesiones , el actor debe ofrecer

su ridículo,

su despojamiento,

su dignidad misma,

aparecer

desarmado,

fuera de la protección

de máscaras

falaces.

La realización de lo imposible

es la suprema fascinación del arte

y su más profundo secreto.

Más que un proceso,

es un acto

de la imaginación,

una decisión

violenta, espontánea

casi desesperada,

frente a la posibilidad súbita ,

absurda,

que escapa a nuestros sentidos,

risible.

Para suscitar un campo

de atracción

de lo imposible,

es necesaria una ingenua

falta de experiencia

y una disposición a la rebelión y la negación,

la resistencia , la inversión, la insatisfacción,

a un estado en que uno se mueve

alrededor del vacío absoluto.

¿Es necesario subrayar que ante todo

hay que tener sentido de lo imposible?

Fuera de este fenómeno,

extraño al sentido común,

no hay ningún desarrollo.

Tadeusz Kantor “El teatro de la muerte”

“La Iglesia, primer drama occidental de la historia”

La iglesia y el origen del teatro tienen mucho que ver. Aunque el teatro pueda parecer en ocasiones algo pagano, no nos engañemos, a pesar de que en su historia existen múltiples períodos de tiempo donde el teatro por necesidad ha tenido que orientarse hacia lo pagano el origen del mismo siempre será sagrado. Fijémonos ahora en la eucaristía católica; bien, la “misa” tal como se la conoce hoy en día no ha dejado de ser un ritual para honrar a Cristo, promulgar la palabra de Dios etc. ¿Y cómo se promulga la palabra de Dios? Mediante las historias . Estamos pues pensando la iglesia como un vehículo de contar historias, uno de las más eficaces sin duda, y cuyas historias tienen un valor simbólico e histórico incuestionable. Analicemos ahora la estructura de las homilías o misas. El público tiene su sitio asignado como en los teatros. Existen varios actores, que son los que nos trasmiten las historias, esto es; los sacerdotes. La misa y el teatro son rituales, rituales que son eficaces simbólicamente y he aquí lo interesante del asunto. La eficacia de las historias, el alimento del hombre siempre han sido las historias y además éstas siempre han tenido y siempre tendrán conexión con lo “sagrado”. En cualquier civilización o manifestación religiosa existen las historias, relatos que sobreviven a los siglos para alumbrarnos, relatos que nos transforman, condenan, o liberan. Quizá la eucaristía cristiana en su estructura, fondo y forma sea la que más se asemeje a lo que hoy entendemos como una representación teatral. ¿Que es una iglesia sino un teatro donde se representan historias ? Un Teatro también es un lugar sagrado pese a que muchos se empeñen en denostarlo por automatismo, el Teatro es y será un templo para realizar rituales igual que una Iglesia, Mezquita o cualquier otro tipo de edificio. Lo importante al fin y al cabo es que la historia te construya y te sirva.

Deberíamos recordarle a los directores y dramaturgos más contemporáneos y modernos, mejor dicho; “posmodernos”, el origen de la escena y su conexión con lo sagrado, pero como estamos en una época en que lo sagrado se está dejando de lado, se está dado por entendido y rechazado bajo clichés reaccionarios completamente inútiles y egoístas, así nos va.

Pero, ¿todas las historias son sagradas? No, no todas las historias son sagradas , las historias que perduran y que sirven y cuyos relatos no se han extinguido son aquellas que nos conectan con “lo sagrado” mediante rituales. Como en todo hay un texto que hay que respetar, ya se la Biblia o Antígona. Y unas leyes para desarrollar dichos rituales , que siempre son útiles, en cualquier tipo de colectivo que sea humano, las leyes son necesarias para el desarrollo de cualquier tipo de actividad sin degollarnos los unos a los otros. Ahora bien, hay muchos tipos de usos discutibles de los textos sagrados. El más claro ejemplo es el “teatro” que se ha montado estos últimos días con la llegada del papa a Madrid. Y aquí me permito utilizar el término “teatro” en relación con su connotación más frívola que sin duda tiene que ver con el concepto de espectáculo. Es espectáculo que se instalen doscientos confesionarios en el parque del Retiro de Madrid, haciendo de un acto de Fe individual y privado, algo público y desvergonzado. Es espectáculo que Madrid se colapase de feligreses con sombreros de cowboys y globos del ABC. En fin, andémonos con ojo con el espectáculo, ya lo decía Debord, cuidado con la fuerzas invasivas del Espectáculo, cuidado con los teatros de la Gran Vía y cuidado con los feligreses vestidos de cowboys.