El hombre del saco…

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Negra leche del alba, negra sangre mía, cavamos tumbas , navegamos en el cielo, allí no hay estrechez.

¿Por qué ? Ángel Auschwitz, ¿Por qué el eco sordo de los muertos abruma mi alma y me destruye?¿Por qué

oigo los rezos en las fosas? Soy un ángel muerto, en mis venas corre el veneno de la humanidad. Soy un trueno

cayendo  en un árbol seco, soy la muerte vestida de uniforme, mis ojos aún vacíos buscan la luz.

Siento frío en mis huesos, están prietos, parecen restallar  al ritmo de las últimas campanas.

Dios mío . ¿Por qué nos has abandonado?

Los trenes , la sangre, el humo, cenizas amontonadas  en la trastienda del recuerdo. ¿Cómo olvidar?

Tantos huesos, todos ellos repiquetean , quieren hablarnos de una historia que nos habita.

Aún siento en el cuerpo el fuego y la rabia de generaciones enteras.  Son tiempos de guerra,  ahora y siempre.  Suenan los tambores.

El alma está dispuesta.  Los corazones  son lobos hambrientos.  Como animales heridos en la caza, nos aproximamos al final, sin otro

consuelo que la muerte.  Que Dios nos perdone a todos. La sangre está ya derramada, y los cadáveres exigen el grito, el llanto, el aliento de vida robada.

Hijos de la estepa rusa…

Chéjov sabía que vivir tenía su aquel.  En las tres hermanas la vida pasa a través de sus corazones como un tren de mercancías descontrolado,  cuando el tiempo es  un ladrón de sueños  implacable y los deseos envenenan el alma nos  mordemos las ganas amar, las ganas de soñar, las lágrimas, las risas  y  después de este ritual, calmamos el corazón. Y la vida sigue hacia delante interminable, gloriosa y tan bella que desgarra el alma. Irina, Masha y Olga lo sabían. Lermóntov lo sabía al apretar el gatillo,  Chéjov lo sabía  cuando paseaba por Sajalín, Tolstoi lo sabía,  Tarkovski también lo sabía mientras montaba Sacrificio postrado en la cama de un sucio hospital,  mientras un cáncer implacable le arrebataba la vida.  Lo cierto es que la estepa Rusa estaba llena de hombres y mujeres valientes.

Si hay algo   que tengan en común estos hombres y mujeres valientes sin duda  es  el don de ver el alma humana con precisión, humanidad, humor, misterio, y respeto. Entre por supuesto muchísimas más cosas. Es  esa mirada rusa capaz de trabajar directamente sobre lo invisible lo que sobrecoge y atrapa.  Es hora de agradecer la valentía y el trabajo duro de estos hombres y mujeres.  Ojalá que  lo que ellos hicieron en la tierra inspire nuestros corazones y nuestro trabajo por siempre.

Soñé esto alguna vez, lo sueño ahora,

 Sé que lo volveré a soñar de nuevo,

 Todo se repetirá, todo reencarnará,

 Y usted soñará todo lo que yo soñé.

Allá, lejos de nosotros, lejos del mundo,

 La ola una y otra vez golpea la orilla

 Y en ella hay estrellas, personas, pájaros,

 Realidad, sueño y muerte… en la ola eterna.

No necesito fechas: fui, soy y seré,

 La vida es el mayor de los milagros.

 Solo, como un huérfano, en él yo vivo.

 Solo, entre espejos, cercado por reflejos

 De mares y ciudades, vivo en la embriaguez

Arseni Tarkovski