La caída de los dioses de Tomaz Pandur

La moral ha muerto. El ser humano se lo permite todo. En 1969 Luchino Visconti rueda la caída de los dioses. En septiembre de 2011 Tomaz Pandur crea una versión para teatro de la cinta italiana. El director esloveno vuelve al matadero con una de sus propuestas más elaboradas hasta la fecha. El teatro de Pandur nunca pierde el concepto de espectáculo y tanto es así que a los pocos minutos de comenzar la representación un inmenso espejo del tamaño del suelo de la escena se eleva hacia nosotros pudiendo ver con claridad a los personajes desde arriba. Una familia burguesa alemana está cenando plácidamente cuando el Reichstag es incendiado. Este factor desencadenante pone en marcha la acción. La escenografía es espectacular pero tremendamente sobría, en la mayoría de las escenas una larga mesa habita el espacio y las transiciones se desarrollan con la ayuda de una cinta transportadora. La interpretación presenta tintes expresionistas y por supuesto los actores se permiten el lujo de romper la acción escénica abandonando los personajes y repitiendo las escenas como si de un ensayo se tratase. Con estas decisiones Pandur parece querer decirnos “Chicos, tranquilos, es teatro, es ficción, y por cierto, no os olvidéis de Brecht y su distanciamiento”. Destaca como ya he dicho la sobriedad de la escena, personajes extremadamente violentos que son presentados en su forma más apolínea. Una Belén Rueda fría como el hielo y sedienta de poder nos recuerda la capacidad del director esloveno para trabajar la frialdad de la mujer como hizo en Barroco y en otras de sus propuestas. Esta mirada es una mirada que nos asusta, que nos aterra,la mirada que propone Pandur es una mirada hacia el interior del alma occidental, y nos da pistas de donde pudo empezar todo. Quizá ahora en estos tiempos de crisis otro Reichstag estará esperando pacientemente a arder. La trágica historia de una familia occidental disfuncional, tal y como habitan a diario en nuestras ciudades. Una trágica familia que está llamada a aniquilarse hasta la extinción y la locura. Esta historia es la historia de una caída libre completamente destructiva y aniquiladora. Vemos a estos “dioses” a través del espejo del teatro como pequeñas personitas que cometieron el error de creerse grandes, y libres, poderosos e indestructibles. Pero son ante todo, humanos, y como tal, las pasiones a las que están sometidos les llevan a la más completa y pura autodestrucción.¿ Hasta dónde somos capaces de llegar para satisfacer nuestras ansias de poder? ¿Qué pasa con nuestros corazones ? ¿Qué ocurre con nuestra alma?.

Dos horas y media de caída libre nos esperan en el matadero. Dos horas y media en las que podemos sentir el peso de la historia en nuestros corazones y nuestra alma.

Gracias a todo el equipo por proponernos esta “caída”