“Purgatorio” de Ariel Dorfman

 ¿Podemos escapar a como somos? ¿Podemos esquivar nuestro propio carácter?  Ariel Dorfman nos plantea una  revisión un tanto curiosa del mito de Medea. ¿Qué pasaría si Jasón y Medea se encontraran alguna vez después de muertos en algún lugar mas allá del tiempo y del espacio?¿Se perdonarían? ¿Se comprenderían?¿Se amarían? ¿Se aniquilarían? Una escenografía comedida, luces blancas que recuerdan un extraño hospital. Una mesa. Una cama y una puerta que no sabemos hacia donde nos lleva. Dos fantásticos actores  trabajando. La sutileza de Vigo Mortensen contra la visceralidad de Carme Elías. Purgatorio es una  segunda oportunidad fallida, es un grito en mitad de la tragedia de Medea, un alto en el camino, una oportunidad perdida para poder sanar, entender, perdonar. ¿Qué nos hace ser como somos? Más allá de las circunstancias sociales y familiares, conviene hablar de las heridas. Las heridas nos dicen quienes somos y quienes no podemos ser.  Purgatorio es un intento imposible de sanar las heridas para evolucionar, avanzar y probablemente crecer. Pero hay heridas y heridas. Medea, la extranjera, una mujer cincelada por el dolor, tremendamente humana en toda la complejidad de la palabra.  Como ya he mencionado en alguna otra ocasión, los grandes mitos griegos flotan aún en estos días por todo occidente. Las antiguas historias y leyendas generan “síndromes” o “complejos” o cualquier otro tipo de calificación perteneciente a los psicologismos. Pero en realidad sigue siendo lo mismo, historias atravesadas en el tiempo y que se repiten una y otra vez, porque no están siendo entendidas y aprendidas. No me refiero  Grandes Historias, que también, más bien trato de referirme a todos los Edipos de mi barrio, a todas las Medeas del mundo, que las hay, sin duda las hay.  En definitiva a todos esos caracteres que han pervivido y pervivirán siempre en la cultura occidental. No dejo de asombrarme como estas antiguas historias siguen resonando con tanta fuerza en nuestro tiempo. Parece mágico. Supongo que nos queda mucho que aprender , y el teatro siempre ha sido el territorio de la duda y de la magia.  Purgatorio es una apuesta arriesgada y honesta. Un hombre y una mujer, con una tragedia que los une  y una oportunidad lanzada al vacío. ¿Dónde están los límites de la esperanza? ¿Podemos cambiar algo de nuestro carácter?¿Algo?  ¿Cómo son nuestras heridas de profundas? ¿Hasta dónde podemos llegar? Preguntas y más preguntas. Preguntas que no son fáciles de contestar y quizá sea eso lo enriquecedor de Purgatorio. Tanto Carme como Vigo disfrutaban no siguiendo un esquema fijo, se veía a la perfección el margen de improvisación con el que estaban jugando. Se sorprendían al interpretar a esos personajes, no estaba mecanizado, estaba vivo.  Y eso se notaba.  Es bonito y necesario  recordar que el trabajo del Teatro y el de los actores radica en la investigación, y no en el mostrar o producir de manera mecánica historias estériles e inocuas, que no dejan margen a la pregunta.  Gracias por el trabajo.