“Tres años” de Juan Pastor

“Tres años” bien podría intentar ser una radiografía fallida del amor basada en la novela homónima  de Chéjov.  La obra adopta un lenguaje muy literario, hasta tal punto que  son los propios actores son los que como si de una novela se tratase nos narran lo que va ocurriendo en el escenario. El texto es un adaptación libre de la novela de Chéjov ambientada en la España  de los años treinta.En ocasiones los personajes se desdibujan  y a nivel dramatúrgico hay escenas que no parecen funcionar del todo, circunstancias no aclaradas, motivaciones no entendidas y acciones en ocasiones ilógicas  pueden ensuciar esta propuesta. Pero como ya he dicho dejando a un lado estos  inconvenientes la obra respiraba y funcionaba.   Los conflictos de los personajes tienen un denominador común, el amor. Dime cómo amas y te diré quién eres. Las acciones principales recaen en  dos de los personajes, Alejandro y Julia.  Determinadas circunstancias han hecho que los dos se casen. Y es aquí donde empieza la radiografía. Juan Pastor intenta y por momentos lo consigue intentar desgranar el origen del amor en nuestros mayores. Intenta analizar el contexto social de antaño, la historia de nuestros padres/abuelos y el amor de ellos, ¿Que significa casarse hace 60 años? ¿Qué significa hoy?¿Por qué se casaban antes?¿Por qué ahora? Pese al tono fresco y en ocasiones cómico de la propuesta en bastantes ocasiones, la obra  remueve el afecto de cada espectador, al amor que tenemos dentro, lo pone sobre el escenario y nos obliga a preguntarnos a afrontar cuestiones como  la validez de nuestras relaciones, nuestros sueños, nuestras  ilusiones y nuestra felicidad.Así,  claramente, amor y felicidad. ¿Cómo es nuestro amor? ¿De que está hecho? Y lo hace de una manera tierna y humana,  lo hace con la inocencia de los primeros errores, con esa melancolia infinita propia del ser humano y probablemente una de las fuentes de inspiración del escritor  ruso, ese realismo triste y melancólico chejoviano  que tanto tiene que ver con la búsqueda de la felicidad en la vida, con la pérdida, con el amor, con los anhelos etc. La propuesta de Pastor disecciona una relación matrimonial en los años treinta y todas sus etapas sin atreverse a dar una fórmula mágica e invitándonos a vivir ese proceso con ellos. No hay juicio. No hay sentencia.  Hay preguntas y ninguna respuesta. Algo que yo personalmente agradezco mucho al  ir al teatro. Una mirada que propone preguntas  que el espectador tiene que contestar o no, cada cuál que haga lo que quiera con la obra y con sus preguntas.  En definitiva los chicos de la Guindalera han vuelto a hacer los deberes con esta propuesta y desde aquí felicito a todos ellos por este viaje, en ocasiones demasiado clásico en el enfoque  pero sin duda honesto y válido. Enhorabuena.