Una luna para los desdichados…

Y tal vez aparezca en mitad de la noche con los ojos desencajados en tu cama, como un sueño o una pesadilla. Y Josie tiene el corazón roto, y  Josie  está esperándo toda la noche a que aparezca su amor, pero su amor ya está deshilachado y lleno de whisky, y su corazón roto. Y la luna no es hermosa, resplandece con la palidez de un cadáver. La acción transcurre en una sucia granja de Conneticut.  O`neill nos habla de una familia de inmigrantes irlandeses que  tratan de sobrevivir manteniendo una vieja granja.

Jim Tyrone es el arrendatario  de la granja, un hombre de mediana edad, hijo de un gran actor, con dinero y alcoholizado.  Josie es la hija de Phil Hogan. Ambos se dedican a mantener una granja completamente estéril donde no es posible que crezca nada. La luna  permanece en silencio, recelosa y esquiva, se limita a observar.

¿Qué buscan estos tres personajes?  Jim es un personaje ya utilizado por O´neill en “Largo viaje hacia la noche” en homenaje a su hermano. En la propuesta de John Strasberg  Jim  aparece deshecho, dolorido y completamente alcoholizado. Hay en sus delirios un tipo de cordura peligrosa. Alguien dijo una vez que el alcohol adormece el corazón de los doloridos. Y en verdad lo hace.  Y sin embargo en mitad de la lluvia la vida se abre paso y el amor nace en Josie.  De vez en cuando algún valiente se atreve a echarle un pulso a la realidad, y ésta se lo traga inevitablemente. Desdichados. Lo somos. Desde luego que lo somos.

En el teatro de O´Neill no hay héroes.  Se nos muestra la vida tal y como se vive, con sus cruces y sus alegrías.  O´Neill sabía los peligros de los sueños dorados. América sangra pero nadie ve su sangre. El alma escribe sus libros, pero ninguno los lee, decía el otro.  Lo que no se ve, no existe, Dios y la patria. Dios y la patria. Semper fidelis. Somos los mejores .

O´neill sabía dónde apuntaba con sus textos, directamente al corazón de América, una América enferma. El país de los sueños rotos. Sin duda el texto de O´neill es afinado, directo y  las situaciones dramáticas están elaboradas con cuidado, minuciosidad y humanidad.

En cuanto a la propuesta de John Strasberg es importante detenernos en varios puntos;

-La escenografía es excesivamente realista,  hasta tal punto que Strasberg nos pinta una gran luna en el fondo de la escena, iluminando la vieja granja. No permite imaginar al público. Nada evoca, todo  ilustra.  Nuestra imaginación se adormece. Escenografía redundante, más cerca del cine que del Teatro.

-Me faltaba entender algunas de las situaciones planteadas que sin duda, estaban siendo atravesadas por los actores con  atropello y rapidez, aunque soy consciente que trabajar este texto no es nada fácil.

-En cuanto al trabajo actoral, aprecié el enorme esfuerzo realizado, pero sin embargo reconocí a un Eusebio Poncela muy sobreactuado con gestos de teatro viejo, aunque bien es  cierto es que el retrato de Jim es  de una complejidad enorme. Merce Pons me llenó de ternura envenenada, a mitad de caballo entre niña desvalida y mujer furiosa ,  y José Pedro  Carrión trabajó con una libertad envidiable, humana y con muchísima valentía y arrojo. Quizá en algunos momentos se me antojaron innecesarios ciertos gags de “perro viejo irlandés” , algo menos acusado y menos exagerado ya que lo estaba encarnando de una manera muy viva, por lo que no hacía falta tanto.  Fueron acercamientos notables y por supuesto, siempre mejorables, como todo en el Teatro, por otra parte.

Quizá lo que más  me escuece es el tipo de Teatro que nos plantea John Strasberg.  Un teatro viejo, redundante, una escenografía muy obvia, sin sorpresas, sin imaginación. Sin preguntas. Todo demasiado sabido, los actores no dudan, ilustran. Quizá sea lo que pasa siempre con los grandes nombres.  Lo siento John, pero tu  viejo padre dejó el listón muy alto.  A ti no te sale.