Análisis de “Doña Perfecta” de Galdós…

 

 

 

 

 

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Pepe Rey llega al pueblo Orbegoso   con la intención de casarse con su prima  por orden de su padre.  Al llegar al pueblo le recibe  un vecino del mismo, su tía Doña perfecta  y Don Inocencio, el sacerdote del pueblo. Allí Pepe Rey se dará cuenta de las diferencias más que plausibles con el resto de habitantes del pueblo. Su tía al conocer la idiosincrasia de  su sobrino  intentará por todos los medios evitar que Pepe pueda casarse con su hija Rosario. Incluso si esto supone matarle.

La obra  de Galdós trata temas como el autoengaño, la tradición, la superstición, la manipulación,  la violencia  la religión y el miedo.

A lo largo de la obra vemos como todos los habitantes de este misterioso pueblo necesitan constantemente verse a ellos mismos como seres honorables, perfectos , justos y piadosos. Vemos que su realidad no es así y  tratarán de defenderse con violencia si es necesario ante cualquiera que pretenda romper su burbuja de autoengaño. Burbuja  construida con  mentiras  enmascaradas de tradiciones y superchería. El cura del pueblo sabe muy bien sembrar  mediante sus disquisiciones teológicas el miedo y la superstición entre  los aldeanos con tal de manipular a su antojo  las creencias  de todos los habitantes de Orbegoso. creencias  antiguas  y  extremadamente doctrinarias para la propia época.

El conflicto dramático esta alimentado de dos  fuerzas muy poderosas encarnadas en distintos personajes.

Por un lado está operando la fuerza de la tradición, de lo antiguo  y caduco, de lo que está impuesto.  Todos estos personajes viven más en el terreno del idealismo y los sueños que en la propia realidad. Como representantes de esta fuerza destacan Doña Perfecta, Don Inocencio  o Cabayuco.

Por otro lado está operando la fuerza de las corrientes nuevas de pensamiento  progresista muy relacionado con los avances científicos de la época.  La fuerza de la razón y la ciencia representada por Pepe Rey.

Tenemos pues el conflicto servido.  La razón y  lo nuevo frente a la  superstición y lo viejo y caduco.   El objeto de conflicto recae en el personaje de Rosario. Pepe Rey quiere casarse con ella y salvarla del pueblo y sus tradiciones mientras que Doña Perfecta la quiere para ella  y evitará a toda costa su casamiento con el joven progresista.

La obra, impregnada de realismo galdosiano, sigue el esquema de las grandes tragedias griegas. Existe un factor desencadenante ( la llegada de Pepe Rey al pueblo )  dos fuerzas que alimentan el principal conflicto y un objeto de conflicto. Galdós sigue pues  la leyes dramáticas enunciadas por Aristóteles en su poética.

La versión y dirección de  la pieza corresponde a Ernesto Caballero, el cual utiliza una forma de representación puramente simbolista, llenando el espacio con metáforas para  trasmitir atmósferas  sugerentes a la imaginación del público.  Hace uso del coro griego para ayudar a entender y contextualizar al  público. Las tres Trollas son  personajes extradiegéticos y a la vez intradiegéticos. En algunas partes de la obra acompañan la acción dramática funcionando como coro narrador, (vemos claramente en esta referencia como Ernesto Caballero ha seguido fielmente las formas de representación escénica que describía Galdós).  En otras partes sin embargo  no se salen de la historia para narrarla sino que participan en ella activamente.

La bella metáfora de las Trollas nos remite necesariamente a la mitología griega. Es inevitable  la relación entre estas  y las parcas. Los tres personajes aparecen tejiendo y entonando cantos fúnebres y siniestros, a la vez que narran lo que está sucediendo en la historia.   Sin duda las intenciones del director no sólo fueron completamente fieles a la pieza dramática de Galdós sino que también amplificaron  el mensaje del mismo.

En cuanto al ritmo, las transiciones entre escena y escena y los procesos de los personajes hacen que lo que ocurra en el escenario tenga peso y por tanto se necesite de tiempo para procesar y entrar en el imaginario propuesto por  el director madrileño. Estamos pues ante un ritmo lento, pausado  y con una elipsis importante  al final de la obra.

Las interpretaciones se desarrollan  de manera realista  y probablemente siguiendo las líneas  naturalistas de Stannislavski   durante toda la obra.   No hay rastro de distanciamiento brechtiano  sino más bien todo lo contrario, intentos constantes por medio de distintos dispositivos teatrales para hacer entrar al público en la acción dramática.

En cuanto a la escenografía,  menos es más. El trabajo escenográfico desarrolla las líneas propuestas por Peter Brook y Grotowski entre otros,  al utilizar el escenario de manera comedida y  sencilla. Cuando sencillez no significa falto de complejidad.  El escenario entero está forrado de una viejo estampado de colores apagados y líneas anticuadas, dicha decisión no hace sino aumentar y ayudar a entender el conflicto dramático propuesto. La utilización de las nuevas tecnologías está también presente en esta pieza utilizando video proyecciones en momentos clave de la obra para ayudar a crear una atmósfera determinada.

El maquillaje y vestuario mantienen una línea realista que ayudan al espectador a “meterse” en la historia. La iluminación es utilizada de forma naturalista  en ocasiones y de forma expresionista en  otros momentos. Por ejemplo al principio de la obra se utilizará una luz blanca con algunas banderas para simular una ventana en un tren. En este caso vemos como la luz se utiliza para imitar y recrear la realidad en la escena. En otros momentos la luz es utilizada de una forma más expresionista cuya función es enfatizar un estado de ánimo de un personaje.

La obra  de Galdós trata temas como el autoengaño, la tradición, la superstición, la manipulación,  la violencia  la religión y el miedo.

A lo largo de la obra vemos como todos los habitantes de este misterioso pueblo necesitan constantemente verse a ellos mismos como seres honorables, perfectos , justos y piadosos. Vemos que su realidad no es así y  tratarán de defenderse con violencia si es necesario ante cualquiera que pretenda romper su burbuja de autoengaño. Burbuja  construida con  mentiras  enmascaradas de tradiciones y superchería. El cura del pueblo sabe muy bien sembrar  mediante sus disquisiciones teológicas el miedo y la superstición entre  los aldeanos con tal de manipular a su antojo  las creencias  de todos los habitantes de Orbegoso. creencias  antiguas  y  extremadamente doctrinarias para la propia época.

El conflicto dramático esta alimentado de dos  fuerzas muy poderosas encarnadas en distintos personajes.

Por un lado está operando la fuerza de la tradición, de lo antiguo  y caduco, de lo que está impuesto.  Todos estos personajes viven más en el terreno del idealismo y los sueños que en la propia realidad. Como representantes de esta fuerza destacan Doña Perfecta, Don Inocencio  o Cabayuco.

Por otro lado está operando la fuerza de las corrientes nuevas de pensamiento  progresista muy relacionado con los avances científicos de la época.  La fuerza de la razón y la ciencia representada por Pepe Rey.

Tenemos pues el conflicto servido.  La razón y  lo nuevo frente a la  superstición y lo viejo y caduco.   El objeto de conflicto recae en el personaje de Rosario. Pepe Rey quiere casarse con ella y salvarla del pueblo y sus tradiciones mientras que Doña Perfecta la quiere para ella  y evitará a toda costa su casamiento con el joven progresista.

La obra, impregnada de realismo galdosiano, sigue el esquema de las grandes tragedias griegas. Existe un factor desencadenante ( la llegada de Pepe Rey al pueblo )  dos fuerzas que alimentan el principal conflicto y un objeto de conflicto. Galdós sigue pues  la leyes dramáticas enunciadas por Aristóteles en su poética.

La versión y dirección de  la pieza corresponde a Ernesto Caballero, el cual utiliza una forma de representación puramente simbolista, llenando el espacio con metáforas para  trasmitir atmósferas  sugerentes a la imaginación del público.  Hace uso del coro griego para ayudar a entender y contextualizar al  público. Las tres Trollas son  personajes extradiegéticos y a la vez intradiegéticos. En algunas partes de la obra acompañan la acción dramática funcionando como coro narrador, (vemos claramente en esta referencia como Ernesto Caballero ha seguido fielmente las formas de representación escénica que describía Galdós).  En otras partes sin embargo  no se salen de la historia para narrarla sino que participan en ella activamente.

La bella metáfora de las Trollas nos remite necesariamente a la mitología griega. Es inevitable  la relación entre estas  y las parcas. Los tres personajes aparecen tejiendo y entonando cantos fúnebres y siniestros, a la vez que narran lo que está sucediendo en la historia.   Sin duda las intenciones del director no sólo fueron completamente fieles a la pieza dramática de Galdós sino que también amplificaron  el mensaje del mismo.

En cuanto al ritmo, las transiciones entre escena y escena y los procesos de los personajes hacen que lo que ocurra en el escenario tenga peso y por tanto se necesite de tiempo para procesar y entrar en el imaginario propuesto por  el director madrileño. Estamos pues ante un ritmo lento, pausado  y con una elipsis importante  al final de la obra.

Las interpretaciones se desarrollan  de manera realista  y probablemente siguiendo las líneas  naturalistas de Stannislavski   durante toda la obra.   No hay rastro de distanciamiento brechtiano  sino más bien todo lo contrario, intentos constantes por medio de distintos dispositivos teatrales para hacer entrar al público en la acción dramática.

En cuanto a la escenografía,  menos es más. El trabajo escenográfico desarrolla las líneas propuestas por Peter Brook y Grotowski entre otros,  al utilizar el escenario de manera comedida y  sencilla. Cuando sencillez no significa falto de complejidad.  El escenario entero está forrado de una viejo estampado de colores apagados y líneas anticuadas, dicha decisión no hace sino aumentar y ayudar a entender el conflicto dramático propuesto. La utilización de las nuevas tecnologías está también presente en esta pieza utilizando video proyecciones en momentos clave de la obra para ayudar a crear una atmósfera determinada.

El maquillaje y vestuario mantienen una línea realista que ayudan al espectador a “meterse” en la historia. La iluminación es utilizada de forma naturalista  en ocasiones y de forma expresionista en  otros momentos. Por ejemplo al principio de la obra se utilizará una luz blanca con algunas banderas para simular una ventana en un tren. En este caso vemos como la luz se utiliza para imitar y recrear la realidad en la escena. En otros momentos la luz es utilizada de una forma más expresionista cuya función es enfatizar un estado de ánimo de un personaje.

El sonido acompaña la acción dramática enfatizando momentos de  gran tensión. Por ejemplo al final de la representación, cuando Caballico va en busca de Pepe Rey con el trabuco para matarle,  unas voces flamencas quejumbrosas y hondas acompañan lo que está sucediendo en escena hasta su fatal desenlace.

 En líneas generales y a modo de conclusión  Doña Perfecta es sin duda un trabajo realizado con honestidad y esfuerzo por transmitir  una historia que hoy en día guarda completamente la vigencia y tan necesaria es de escuchar en nuestro tiempo. Doña Perfecta nos habla de una sociedad enferma de miedo y carente de autocrítica,  por desgracia “enfermedades sociales” que hoy en día se están extendiendo  por todos los rincones de nuestro país.  Nos habla del miedo de abandonar lo antiguo y lo caduco, para dejar paso a lo nuevo y lo fresco, y de cómo ese miedo genera violencia, dolor y muerte.  Una representación clara y contundente.

Blanca, no te vayas…

Ésta ha sido la foto  tan supuestamente polémica  que ha provocado la retirada  de la misma en el Festival de Mérida 2011.  El arte esta lleno ante todo de libertad y respeto.  Lamento profundamente vivir en un país como España, en el cual  aún hoy en día existe la censura contra algunas manifestaciones artísticas . Porque señores beatos y beatas  ustedes son unos intolerantes,  no comprenden  que esta fotografía es una manifestación artística y sólo eso. Si ustedes se sienten heridos al ver eso vayan a un psicólogo. Estamos en el año 2011. Se supone que somos lo suficientemente maduros y tolerantes como para comprender que no tenemos porque estar de acuerdo con algunas formas del arte, pero que sin duda eso no nos da derecho a censurarlas. España es un país atrasado en lo que a materia cultural se refiere. Y en cuestión de valores ni hablamos. Imagino aquellos beatos y beatas que   aburridos y aburridas   se pasean por el Festival de Mérida  sin tener nada mejor que hacer. Ven una foto de estas características y se mueren de la vergüenza. No contentos con eso recolectan firmas para que se quite dicha foto.La foto es retirada.La directora del Festival de Mérida  Blanca Portillo  muy a su pesar considera que la mejor opción es retirar esta fotografía.  ¿Qué es esto? El actual presidente de  Extremadura  sugiere a la dirección del Festival ciertos ajustes en el presupuesto.  Una vergüenza. La cultura como siempre, la peor parada.  Afirman que estamos en época  de austeridad, afirman que hay cosas más importantes. ¿Acaso no es importante la cultura en nuestro país? No, nunca lo fue y así nos va. La gente rebuzna por las calles  y las beatas y beatos pierden su tempo viendo las ojeras  a Belén Esteban. Y luego se quejan de la fotografía. Tiene cojones. Me da lástima.  Señores presidentes, vivimos una época de austeridad, pero  en el alma. Que Dios nos ampare.

“Incrementum” de Georges Pérec

Incrementum se presenta ante nosotros a través de un maestro de ceremonias y seis actrices. La iluminación es estática y blanca, chirriante, deslumbrante. La propuesta transcurre de la mano de las seis actrices que durante hora y media, como si de una orquesta se tratará, establecen un diálogo con el público sobre la realidad laboral de hoy en día y lo difícil que es conseguir un aumento. A la hora de reflexionar sobre la propuesta he de destacar varias cosas. La primera es que percibí como espectador una intención creadora de contar algo concreto y específico. Lo segundo que voy a destacar a favor de la obra del francés, es que efectivamente está bien enmarcada en el estilo contemporáneo por sus rasgos formales y estructurales, esto es; no existen los personajes, por lo que estamos más cerca de la performance que de la obra aparentemente “convencional” y esto sin duda es un buen síntoma de que se ha arriesgado a la hora de proponer un viaje escénico en un teatro de nuestros días.

Bien, hasta aquí todo muy bien, incluso la temática laboral que plantea puede parecer que sea vigente. Pero reflexionaremos por partes:

El dispositivo escénico es un completo fracaso: Me explico, simplemente no se puede tener a un público aguantando los monólogos perfectamente sincronizados, eso si, de seis actrices hablando a toda hostia sobre lo malo que es el trabajo, lo malos que son los jefes y sosteniendo el ya manido discurso arquetípico y poco interesante revolucionario que nos hace ver que los jefes son unos cabrones y el trabajador de hoy en día es una hermanita de la caridad, que vive explotado, tratado injustamente, y todas esas cosas que están tan de moda. Es este buenismo escénico y reaccionario el que está de manifiesto desde el primer minuto de la obra, es la manera de contar una historia sobre el trabajo de hoy en día, manera completamente convencional y arquetípica. Faltan puntos de vista y contradicciones. El espectador ya sabe todos los arquetipos que hay en la vida, convive con ellos cada día y los alimenta. No es necesario seguir con este discurso, no es interesante sólo el punto de vista del “oprimido” , veamos el del “opresor” también, ofrezcamos ese espacio de contradicción y duda que siempre ofrece el buen teatro y empezaremos a entender. Pero parece que en España no gusta eso, parece ser que en España como somos artistas somos de izquierdas, somos modernos y reaccionarios y libres y completamente idiotas y se nos olvidan las cosas importantes por llevar una bandera. Queremos la risa, que el público disfrute y que no piense, que se ría, que la vida ya es muy triste ¿no?, eso queremos.

Huelga decir que la sala entera del matadero estaba “pasándoselo de puta madre ” y “echándose unas risas” …

¿Y el teatro?

“Penumbra” de animalario

Supongo que la intención fue buena pero no suficiente. Penumbra se nos presenta como resultado de un proceso artístico de búsqueda por parte de animalario relacionado con los miedos y el dolor. No entiendo hacia que dirección iba la búsqueda o que nos querían contar exactamente. Penumbra no es una obra narrativa asi que no se puede leer como tal. Se rige por la misma narrativa caprichosa y aleatoria de los sueños, juegan con este concepto y con la textura de pesadilla, atmosferas muy bien conseguidas gracias a la iluminación, que transporta al público a un lugar irreal a camino entre el sueño y la pesadilla, entre la noche y el día. Bien, creo que el planteamiento y el mundo que se nos abre es muy rico y fértil para contar historias. El concepto de “Penumbra ” tal y como lo plantea Andrés Lima me parece interesante. Lástima que lo que ocurría dentro de esa “penumbra” no se entendiera en absoluto. Si, Andrés, de acuerdo, el lenguaje onírico muchas veces no tiene sentido ni pies ni cabeza, (otras veces sí) pero creo que es una justificación muy fácil. Me hubiera gustado saber, de verdad, que ocurría con el niño/marioneta y con los demás, me gusta la idea de personajes encerrados en una casa en la playa en una pesadilla eterna, pero me hubiera gustado más conocer a esos personajes y verles amar, sufrir, llorar y cantar. No entendí la acción escénica y me fui con rabia y ganas de saber más. Sigo manteniendo que el concepto escénico era bueno, pero lo demás no ayudaba a entender , al contrario, salí del teatro con ganas de saber, de entender, me hubiera gustado llevarme algo de la obra, pero se presenta hermética y caprichosa, ilógica y sin ritmo, tremendamente caótica, pese a que se jugaba a ser caótico.

Una lástima . Estoy seguro de que la intención era buena, pero también estoy seguro de que no tuvieron en cuenta al público en absoluto, no hubo esfuerzo para hacerse entender, y vuelvo a decir, creo que en el teatro nuestro trabajo y esfuerzo radica en “hacer entender”, radica en ir al grano y en ser concreto con el trabajo, no creo en el teatro elitista e intelectualoide, creo en el teatro humano y directo, que no se anda con rodeos, y creo que en “Penumbra” hay demasiados rodeos.

Una lástima.

“Gólgota Picnic” o la moda de no creer en nada

¿Por dónde empiezo a escribir esta crítica? Quizá por decir que el “Gólgota” de Rodrigo García es lo peor que he visto en un teatro en toda mi corta vida. Rodrigo García, me gustaría saber que significa para ti crear un lenguaje teatral propio. ¿Significa lo de siempre? Quiero decir, ¿significa subirse a un escenario y hacer lo que a uno le salga de los cojones? ¿Por dónde empezar? . Mi sorpresa al entrar al Maria Guerrero y ver el suelo del escenario repleto de panes de hamburguesa fue bastante fuerte, pero no duró más de medio segundo, y las hamburguesas en el suelo duraron las 2 horas y media sin descanso de este maravilla. Bien, hamburguesas en el suelo. En fin, nada que merezca la pena ser comentada sobre esta “elección” artística. Al recoger mi entrada en el teatro observé un letrero en la taquila que ponía lo siguiente:

AVISO: Ponemos en conocimiento del público que, algunos conceptos religiosos o imágenes, pueden herir su sensibilidad.

Bien, más quisiera Rodrigo García herir alguna sensibilidad con esta pantomima, pero me temo que lo único que consiguió provocar es aburrimiento, un aburrimiento estúpido que se prolongó durante 2 horas y media. Se supone que lo que Rodrigo García ha intentado hacer es una revisión iconográfica de la biblia relacionando sus conceptos y reflexiones con la marea capitalista contemporánea desde una posición completamente demagógica, tramposa y reaccionaria.

Empezaré señalando algunos de los recursos escénicos de este brillante dramaturgo:

-El suelo de la escena se nos presenta repleto de panes de hamburguesa, vamos que olía a hamburguesa toda la puta sala. Y todo esto para hacer un ejercicio metafórico tan brillante y significativo como un pedo, por supuesto, en relación a los la “multiplicación de los panes” mezclado con la asociación facilona existente entre un pan de hamburguesa y el capitalismo occidental.

– Una pregunta que considero necesaria,¿Existe alguna obra de teatro contemporáneo en la cual los actores no se rebocen en pintura mientras se tocan lascivamente? Porque si esto es lo que significa arriesgarse a crear un lenguaje teatral nuevo y contemporáneo, estamos jodidos.

-¿Cómo tienes los santos cojones de ponernos durante una puta hora a un tío desnudo tocando el piano?

– ¿Por qué no creer en Dios se ha convertido en una moda de artistillas e intelectuales en vez de ser una opción personal e íntima? Que grande y que moderno eres joder, te pareces a los niños de 15 años orgullosos de no creer en nada y rebeldes hasta decir basta. Con una salvedad, tu no tienes 15 años, así que no me jodas con argumentos estúpidos y ” de moda” para hacer gracia, aleccionar, y pensarte como un dramaturgo iluminado por la verdad. En fin respecto al tema de religión, como decía Bertolt Brecht, “los sacrílegos santifican”.

– ¿Por qué Rodrigo García se cree Dios? Durante las dos horas y media de la puta obra los actores no paran de aleccionarnos y de meterse con occidente, con Jesucristo y con todo lo que se relacione con algún tipo de sistema organizado que provenga del ser humano. Bien, Rodrigo, te quejas de que la gente tenga Iphone 4 y de que somos muy capitalistas, yo te digo que si, que es cierto, lo somos querido mío. Me gustaría preguntarte una cosa, con todo este rollo de los panes de hamburguesas y del consumismo y blablabla, ¿Cómo encajo yo que estés en el teatro Maria Guerrero, el cual no se caracteriza especialmente por sus propuestas alternativas y que al finalizar esta mierda me quieras vender en un chiringuito tipo rastro el libreto de tus pajas mentales acompañado de una libreta en blanco con el cartel de la obra? ¿Me lo explicas?Vamos, que sólo faltaban las putas chapitas para el bolso de las artistas cool fuencarraleñas. En fin. Con todo esto, mi estimado Rodrigo, quiero que sepas que todo esto lo estoy escribiendo con un Mac, que tengo un maravilloso Iphone 4 , que gracias Dios tengo un trabajo, y que me encanta tenerlo. Y que por cierto, prefiero el coche que el metro. En fin. Por cierto, desde que fui a ver tu obra he donado todo mi sueldo de este mes a una organización en defensa de los erizos africanos.

Para finalizar pondré el aviso correspondiente que bajo mi juicio debería aparecer en el cartel de esta obra:

AVISO: Ponemos en conocimiento del público que todos los conceptos religiosos o imágenes, serán utilizados de una manera demagógica, tramposa, y sin sentido. Asimismo ponemos en su conocimiento que durante una hora pondremos en escena a un pianista desnudo ejecutando piezas musicales en relación con Dios, perdón, con el puto Dios. Por favor, no se olviden de comprar nuestro libreto, a los 10 primeros les regalaremos un fantástico Iphone 4.

“El mal de la juventud” de Andrés Lima

Horrible. Espantoso. Despiadado. Extremo. Catastrofista. Delirante. Violento. Intantil. Inmaduro. Ardiente. Destructivo. Todos estos adejetivos son perfectamente aplicables a esta propuesta. Andrés Lima adapta “La enfermedad de la juventud”(título original), una obra del austríaco Ferdinand Brückner impregnada de furia, violencia y autodestrucción. Una escenografía compartimentada, una habitación donde sucede todo. Una habitación que se va haciendo cada vez más pequeña e insoportable. Una verisón macabra de los “Happy twenty”. Peguémonos un tiro a ritmo de charlestón. La obra se sitúa en Viena, 1921. Allí conviven un grupo de jóvenes en una residencia de estudiantes. Los personajes están impregnados de un insatisfacción crónica, a su vez relacionada con un horrible miedo a crecer, a “aburguesarse”, utilizando la terminología de la obra. En la propuesta de Lima se respetan y se muestran con éxito toda las referencias hacia el psicoanalisis de la época. Personajes pusilánimes e inseguros que no buscan una pareja sino una madre y que reniegan de ella a su vez cuando les tratan como tal, significativos diálogos como este; “No necesito una madre, necesito una novia, lárgate de aquí” o personajes sádicos que descubren su violenta y autoflagelante sexualidad a golpe de whiskey barato, pastillas, golpes y arañazos. Esta es una obra que relata los pecados de la juventud, los sueños perdidos, la fuerza de la realidad, la perdida de la inocencia, el descubrimiento del ¿primer amor?, la sexualidad, el desenfreno. La propia juventud entendida como un periodo de locura transitorio, o no. Todo ello enmarcado en una propuesta expresionista hasta en la interpretación de los actores. Un carrusel macabro de personajes deshilachándose minuto a minuto. Desgarrándose y cambiando constatemente. Una obra de últimos bailes, de bailar y tragar hasta reventar. Una insatisfacción no resuelta, un germen autodestructivo y trágico. Noches de tristeza infinita vienesas que bien podrían ser madrileñas. Sólo que nosotros no acabamos de salir de una guerra. ¿O quizá si? ¿Quizá exista en nosotros una guerra interminable y silenciosa, una guerra que atenta contra lo que significa ser un hombre o una mujer en el sXXI? Cómo diría una de los personajes de la obra : “Todo el mundo debería pegarse un tiro al cumplir los 17 años”

Bailemos pues, a ritmo de charleston.

“Todos eran mis hijos” de Claudio Tolcachir

Me gustaría saber como reaccionó el publico de 1947 cuando se estrenó por primera vez esta obra. Sin duda Arthur Miller nunca ha tenido pelos en la lengua y ha sabido ver que ocurría detrás de ese gran telón de fondo envenenado que era el sueño americano. La acción dramática transcurre en una de esas casas americanas de porche resplandeciente y periódicos tirados en el césped. Los personajes de la obra son ciudadanos americanos, con todo lo que ello conlleva, ciudadanos que cuidan a sus familias y ganan dinero para vivir de la mejor manera que pueden, prácticamente lo que hizo norteamérica después de la guerra. Vivir de la mejor manera que pueden. La historia de “todos eran mis hijos” es una historia que gira en torno a la figura del padre. El padre que no sabe ser padre, que lo intenta, que hace lo que “puede” hacer por preservar a su familia a cualquier precio. Miller nos habla de uno de esos padres extraños ante si mismo, desconocidos y a la vez terriblemente familiares ante sus hijos, hijos que reniegan de su condición de hijos, hijos que se dan cuenta que la familia, que su familia no es más que una grotesca representación de algo parecido a un sueño, a un futuro que no se sabe muy bien hacia dónde camina. ¿Qué diferencia hay entre el hombre que pude ser y el que soy? ¿Qué elecciones pude tomar para ser un hombre mejor? ¿Qué elecciones he tomado? ¿Significa algo ser “buena persona? ¿Significa algo ser un buen padre? ¿Qué significa ser padre? ¿Qué es ser “buena persona”?

¿Está realmente tal lejos de nosotros lo que planteó Miller en 1947? ¿Somos responsables de este tiempo que vivimos? ¿Hasta que punto somos responsables de los demás? ¿Nos hace peores o mejores? Supongo que en cierta medida en todas nuestras familias hay un porche blanco y resplandeciente, hay algo parecido a un sueño y a un futuro. Hay algo de “representación”. Por supuesto también hay algo que llamamos realidad y que cuando estas dos esferas chocan, simplemente es una catástrofe. El sueño americano, el sueño de ser mejor que los demás, ganar más dinero, tener el mejor traje y tener por ende los mejores hijos. ¿Tener los mejores hijos?¿Por qué? ¿Es acaso esa la función parental? Extraño vivir en un mundo así. Extraño es educar desde la mentira. ¿O tal vez desde la única verdad posible? ¿Qué pasa con ese sueño dorado? ¿Quién nos vendió que una familia tenía que ser perfecta, qué tal vez una nación tenía que serlo? En verdad tenía que serlo, tenía que serlo, toda la sangre derramada tenía que valer para algo, todos los “sacrificios” tenían que valer para algo. La guerra tenía que servir al menos para ser mejores y no revisar ni reflexionar sobre nada, era hora de medrar y olvidar, no importa lo que haya pasado en absoluto. Pero, este sueño ¿es sostenible realmente? Supongo que nadie quería problemas, ni en el 47, ni ahora.

La obra de Miller trata todas estás preguntas y lejos de dar una respuesta nos hace ser testigos de la mentira de la familia Keller. Una mentira como un tiro a bocajarro. Lo planteado aquí es terrible. El concepto de tragedia adquiere un nuevo significado. Si en las tragedias antiguas, el héroe no tiene escapatoria, está destinado a sufrir aquello que le hayan encomendado. Aquí lo terrible del asunto es que siempre hay elección. Mientras el héroe griego se lamenta de la suerte sufrida, el “héroe” en Miller se lamenta de haber elegido mal, lo cuál es todavía peor. Lo cierto es que hoy en día no existen Dioses a los que echarles la culpa, lo cierto señores es que hoy existe el libre albedrío y es insoportablemente estúpido ver como los hombres tiramos esa libertad por el desagüe. Y ahí es dónde empieza la tragedia de nuestro tiempo, en la libertad de actuar, en la responsabilidad que implica ser libres. En asumir que el ser humano es algo más que un juguete de los dioses. La libertad nos hace responsables ante nosotros y los demás, y mientras no seamos capaces de entender eso esta obra no dejara de representarse.

“La América de Edward Hopper” o todo lo contrario

No se muy bien como emepezar esta crítica. Lo cierto es que cuando voy al teatro siempre intento mantener y sostener un espíritu abierto, entrar en los juegos propuestos, respetar un trabajo hecho con esfuerzo y entusiasmo. En definitiva intento ver que puedo sacar de la obra en cuestión. Con este espíritu entré a ver “La América de Edward Hopper” y la verdad es que no me apetece encabronarme con nadie, pero si es cierto que hay algo de resignación en estas palabras, o de tristeza o incluso un poquito de rabia.

He hablado en estas páginas del esfuerzo por construir una historia que sirva. Realmente esta obra no me interesó demasiado, pero si me hizo reflexionar sobre algo que no tiene que ver con la propuesta. Me preguntaba ¿por qué iba la gente al teatro? ¿por qué iba yo al teatro? ¿qué se supone que podemos encontrar en una historia? ¿tiene verdaderamente el teatro una función?¿qué es ese circo del teatro? ¿Por qué todo esto?¿qué validez tiene?¿que cambios promueve? ¿que resuena dentro de ti cuando escuchas los tres timbrazos?

Supongo que a nadie le interesa todo esto, pero son reflexiones que me surgieron pensando en construir una declaración de principios que sirva , o quizá, pensando en destrozar esos principios para comprender algo nuevo… intentar ver desde dónde se puede construir…..no lo sé

En este sentido la “América de Edward Hopper ” ha sido bastante reveladora. ¿Por qué? Porque cuanto más nos alejamos de lo humano más caemos en lo vacio, en la abstracción constante y absoluta y en el psicodrama particular de menganito o fulanita. Están muy bien los psicodramas personales, es necesario conocer tus deseos y obsesiones, pero me da pena convertir un escenario en una exposición desvergonzada y sin sentido de discursos ilógicos directamente relacionadas con los traumas personales o no . El teatro no es la consulta de un psicoanalista, no esperes y confíes en que el público entienda porque sí, porque tu mundo es así y porque te tienen que entender. En este mundo nada ni nadie se entiende porque sí. Hay es donde comienza la investigación. Ahí es donde bajo mi juicio la mayoría de directores/actores/performers nos equivocamos. Nos equivocmos al pensar que nuestro mundo interior es tan rico y original que las personas lo entenderán y lo comprenderán a la perfección. Nadie tiene porque entender nada. No podemos dar por hecho en el teatro nada. Todo está por construir, por pensar, por vivir y por aprender.

¿Por qué nos convertimos en superhombres encima del escenario? Ciñéndome a la propuesta de Eva Hibernia no entiendo porque decide utilizar ese lenguaje tan elevado y artístico. ¿Por qué ?¿Qué aporta ese lenguaje a la experiencia teatral? Estoy un poco cansado de que ser actor /director consista en escribir de manera pomposa e insufrible textos que no ayudan a comprender nada. Estoy cansado de que ir al teatro signifique ir a ver lo bien que escribe el autor de la obra. Tiene que haber alguna diferencia entre leer el texto y verlo vivo.

Por supuesto tampoco quiero caer en el realismo por el realismo porque sería todavía más neurótico aún. Pero tiene que haber algo relacionado con la investigación, con lo que el público se lleva. El texto pedante, puede ser todo lo pedante que el autor quiera, pero creo que debería estar anclado en algo profundo, interesante y en definitiva válido y útil. El público tiene que tener en la cabeza la palabra gracias después de ver una obra de teatro. Sino, algo no ha funcionado correctamente…

“El Balcón” de Genet

¿Cómo podemos entender está obra en nuestro tiempo? ¿Cómo podemos entenderlo si ya no estamos en mayo del 68?¿Qué significa ser revolucionario en nuestro tiempo? ¿Por qué algunos directores siguen empeñados en hacer política con su teatro? ¿Por qué aún tenemos la necesidad de poner etiquetas, ¿teatro social?, ¿teatro político, vanguardista, alternativo,comprometido?

¿Revolucionario en cuanto a qué? En mi opinión ya pasó el tiempo de las barricadas, ahora estamos en otra guerra, la nuestra propia como individuos. Es nuestro tiempo y es nuestra guerra. Parece que hay personas que aún siguen ancladas en ese pasado revolucionario lleno de rosas y sangre. Este montaje es un claro ejemplo de ello.

Genet nos cuenta la historia de un Burdel parisino en mitad de lo que parece ser una revolución contra el estado. A ese burdel acuden personajes relacionados con el poder de la época, un Obispo, un Juez y un General . Por supuesto nos podemos imaginar rápidamente el color de las perversiones de estos individuos. El suelo del escenario es una moqueta roja, el escaso mobiliario claramente es de época, y al fondo del mismo encontramos unos biombos haciendo referencia a las habitaciones de este burdel, jugando con el impulso “vouyeurista” del público. A veces intuimos, otras vemos claramente y muchas nos horrorizamos…..

La primera parte de la obra se desarrolla bajo esta tónica. Personajes poderosos y depravados que hacen realidad sus fantasías más perversas siempre en relación con el poder y su aparente “función”. El juez es juez siempre y cuando tenga a alguien a quien castigar….El comienzo de la obra juega con esta idea y hasta cierto punto la parte perversa de la obra funciona muy bien.

Todo funcionaba bien hasta el intermedio, en el cual unos soldados revolucionarios empiezan a arrojar panfletos políticos referentes a la revolución y blablabla…

La obra tuvo una duración de casi 3 horas y el intermedio fue una ruptura de ritmo en toda regla, el público se extrañó no sabían si aplaudir o no, no sabían si levantarse o no, hasta que un acomodador tuvo que venir a escena a explicarnos que era el descanso. Incomprensible. En definitiva, el público, osea nosotros, les importabamos tres cojones. Lo importante en este balcón revolucionario era soltar texto como papagayos, textos bien escritos y con un fuerte contenido político, esto es; demagógico. Que grandes artists y actores somos y que bien decimos el texto, que naturalidad y que lenguaje tan elevado…

¿Por qué? ¿Por qué confundimos lo ilógico y lo incomprensible con lo elevado y lo profundo? Eso no sirve. Eso es aburrido, facilón, y además, no nos olvidemos que ya está pasado de moda tirar panfletos de “La Varsoviana” en un teatro. Lo hemos superado. No hace falta decir que la segunda parte de la obra fue un alarde de maestría por parte del director y de los actores, un alarde de texto pomposo, aburrido y un sinfín(digo sinfín porque no acababa nunca) de escenas mal resueltas en las que no pasaba nada. Clásico y aburrido. Los personajes salían de escena sin ningún motivo y volvían a entrar como si nada. Los persoanjes no se entendían, demasiada información pretenciosa y aburrida….

Una obra recomendada para los sindicalistas divorciados y aburridos de cuarenta años, que no tienen nada mejor que hacer que fumar ducados y comprar incieso en el rastro..

“Bodas de sangre” de Jose Carlos Plaza

Lorca está ya muy revisado, cuestionado, estudiado, mimado, odiado, idolatrado, e investigado. Sin embargo siempre sigue resonando. Me imagino que ha tenido que ser todo un reto para Jose Carlos pensar a Lorca y elaborar una propuesta fiel al texto y con interpretaciones bastante buenas. ¿Desde dónde nos habla José Carlos? Creo que sin ánimo de ofender, él no tiene nada que decir, quizá después de todo lo realmente interesante de este asunto es que si se es fiel a Lorca, llega un punto a nivel creativo en el que dejas que su pensamiento, su espíritu y su presencia se apodere de todos; director, actores, músicos, incluso tramoyistas. Al final el reto consiste en ser capaz de dar vida a ese eco tan tremendo que deja en el tiempo la obra del granadino. Con todo esto, el montaje de plaza fue bastante clásico, nada sorpresivo y con un enfoque algo gastado. ¿Hasta que punto nos permite el texto de Lorca la incorporación de un lenguaje escénico nuevo? Se trata de invesatigar nuevos espacios y nuevos lenguajes, nuevas formas de expresión respetando siempre el texto.

La obra en sí tiene cosas buenas y malas. Se sigue siendo demasiado clásico para mi gusto a la hora de trabajar a los grandes, da un poco de miedo probar, y experimentar nuevas formas. Pero también es verdad, que Lorca nos habla desde un lugar muy con creto con una estética muy determinada y con unos personajes muy acotados. La tragedia andaluza, las luces oscuras, las paredes amarillas, los delantales sucios, las manos del hombre encalladas y la cabeza de la mujer cansada mirando al suelo.