Una confusión histórica…

Muchos de los grandes teóricos y expertos están de acuerdo con la concepción que tenía Bertolt Brecht de los actores. Actores entendidos como supermarionetas. Una manera sin duda de ver el teatro y el arte de la interpretación bastante peculiar y chocante si tenemos en cuenta el origen del drama y su supuesta función. Bien, muchos de estos directores se han amparado en esa concepción, en ese distanciamiento crítico que sin duda es interesante y necesario. Si no sabes distanciarte lo suficiente de un asunto no puedes contemplarlo y entenderlo en toda su totalidad y menos, trabajarlo. Pero centrémonos en la figura del actor en la obra de Brecht. Para muchos esta figura del actor cumple una función meramente mecanicista. Una marioneta que actúe de forma mecánica. Esta manera de pensar el actor brechtiano está sin duda enrraizada en el propio teatro que propone Brecht. Para el alemán era necesario distanciarse de la catársis aristotélica y buscar nuevas posibilidades y formas en el distanciamiento y el mecanicismo. Bien, hasta ahora ha habido dos maneras un tanto radicales de entender el arte de la interpretación; los que creen en la eficacia del método, y los “brechtianos” partidarios de un mecanicismo que poco o nada tiene que ver con el teatro.

Toda esta división no ha sido más que una enorme confusión histórica. Los puristas de Brecht deberían chequear su “carta a un actor” donde Brecht era plenamente consciente de este malentendido. Afirma que muchos de los críticos que habían estado de acuerdo con él habían interpretado mal sus observaciones sobre el teatro.

Algunos de los fragmentos donde quede perfectamente claro que tal distinción es un error de concepto:

“Me siento como un matemático a quien alguien le dice, estimado señor, coincido on usted en que dos más dos es igual a cinco. Creo que ciertas observaciones han dado lugar a mal entendidos porque hubo cuestiones importantes que no definí, sino que di por sentado que serían comprendidas”

“Semejante impresión se debe seguramente a mi manera de expresarme , que da muchas cosas por sentadas. Al diablo con eso. El escenario de un teatro debe estar poblado por de seres vivos, tridimensionales, contradictorios, con todas sus pasiones, sus exclamaciones irreflexivas y sus acciones. El escenario no es un invernadero ni un museo zoológico lleno de animales embalsamados. El actor debe ser capaz de crear esa clase de gente ”

Bertolt Brecht 1951 “Carta a un actor”