Microteatro “Haagen Dasz”…

Todavía recuerdo el primer microteatro, fue allá por el 2010. Un grupo de actores y directores tomaron un prostíbulo en la calle Ballesta.  La entrada costaba 2 euros y allí  íbamos a ver teatro no a beber cerveza. Allí se arriesgaban. Las escenas giraban en torno a la prostitución y  en cada habitación se desarrollaba una historia.   El olor a baño, a sexo y a Don Limpio inundaban algunas de las habitaciones. Salías de allí con todo ese inmenso prostíbulo encima. Al escapar de nuevo a la calle,  mientras encendía un cigarrillo  y compartía  lo que me había pasado en aquellas habitaciones  con un viejo amigo, vimos a tres putas en la misma esquina mirándonos con un gesto a mitad de camino entre  la desesperación y el deseo.  Recuerdo que me sentí extraño. Caminábamos  en  ese extraño territorio  dónde la ficción y la realidad  se cristalizan  con tanta fiereza que es imposible eludir lo que  nos estaban revelando.  Aquel microteatro rugía. involucraba. Señalaba. Se pronunciaba. Gritaba con ruido y furia. Desde aquellas habitaciones olvidadas donde muy probablemente  anteriormente habían tenido lugar escenas  reales de prostitutas y chulos, el teatro tenía sentido.  El microteatro de ahora pretende ser la sombra de una sombra. El compromiso y el riesgo se acaba tan rápido como  los botellines y los panchitos que sirven.   Pero claro . Está de moda. Y las modas son importantes.  Dónde va a parar.  Así que mientras los panchitos se acaban y los botellines se enfrían, “el teatro se muere a golpe de vómito y mentira” , como diría un viejo amigo y dramaturgo. Pero esto no aguantará mucho más. Créanme. Esto se agota. Lo light se va acabando. Es el momento  de reunirse y contar historias, en garajes, plazas o viejos apartamentos, dónde sea, pero hacerlo de verdad.  Frente a un teatro por dinero  propongo un teatro por necesidad, porque no quedan más cojones, porque sencillamente lo contrario sería seguir a alimentando al monstruo.  Y  ya está bastante crecidito.

 Me consagraré en adelante
exclusivamente al teatro, tal
como lo concibo,
un teatro de sangre,
un teatro que en cada representación
habrá hecho ganar
corporalmente
algo
tanto al que representa como al
que viene a representar,
por otra parte
uno no representa,
uno hace.
El teatro es en realidad la
génesis de la creación.
Yo estaba vivo
y estaba allí desde siempre

Antonin Artaud