La farsa del tiempo, cantando a la guerra…

 

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La historia es una enfermedad incurable. Las luchas cambian y los bandos se intercambian las banderas pero al final la historia está condenada a repetirse eternamente. Ya lo decía Nietzsche.  ¿Cómo sobrevivir a nuestra propia historia? Si entendemos que el  tiempo es cíclico y no lineal estaremos de acuerdo en  que lo que viene a continuación no es precisamente agradable.  Tanto en  el marco histórico como en el marco personal . La Historia   y nuestras historias   forman parte de lo mismo.  Los hilos que unen nuestra historia colectiva y nuestra historia personal son irremediablemente dolorosos.  No es extraño. El mundo está  en estado larvario. Me pregunto que pasaría se desplegáramos  nuestras alas y nos  despertáramos fuertes y renovados.  Si realmente tuviéramos el valor de exigir lo que nos pertenece por derecho . Si tuviéramos coraje todo este desastre sería diferente.  Vivimos en una época en que la violencia  es tabú, la ira se entierra y el dolor se anestesia.  Algunos psicólogos de la new age más recalentada  hablan de las “emociones malas ” o emociones “tóxicas”  promoviendo un buenismo borreguil  que roza la negligencia. Nos hacen blandos  e irresponsables.   Destierran nuestro poderío y nuestra libertad.  Hacen que nos desconectemos de nuestra fuerza más primigenia, instintiva y transformadora.  Temen esa fuerza.  Si nos tomáramos realmente en serio y despertáramos  a lo que nos están haciendo y arrebatando y en consecuencia a lo que realmente somos empezaría el gran cambio.    Es cuestión de tiempo.  Creo firmemente que todo se repite.   No se repite porque sí,  por  un extraño conjuro o una extraña suerte que acompañó siempre a la humanidad. No. No se trata de una cuestión esotérica. La Historia se repite simplemente porque no ha sido comprendida. No hemos aprehendido  y sí,  lo escribo con h porque tiene que ver con  integrar e interiorizar ciertas  cuestiones importantes, cuestiones que pasan desapercibidas. Y esta ceguera es negligente.  Y estúpida también. Esta ceguera es nuestra condena a muerte. Nos merecemos lo que toleramos. Debemos despertar  los nervios, el corazón, la sangre, el pensamiento y las ganas de cambiarlo todo. Al precio que sea preciso.   Si el mundo despertara de su negligente sueño,  si el mundo fuera consciente de su fuerza, estoy seguro que  estremeceríamos el corazón de los injustos y poderosos, de los ladrones de aceite, de los devoradores de hombres…

Pasar del yo al nosotros. Declarar la guerra abiertamente y sin complejos. Basta de ser buenos y borregos . Tenemos hambre y sed y   es el momento para la lucha.

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